Hay una serie de situaciones en las que se hace necesario llamar o acudir con la mayor prontitud al médico; estas situaciones son las siguientes:

Cuando una persona pierde el conocimiento, aunque sea por poco tiempo o y lo haya recobrado.

Si tiene una hemorragia persistente o si la sangre sale a borbotones.

Si se ha producido una herida que necesita ser cerrada.

Cuando una herida es muy profunda o se hay peligro de que se infecte debido a lo que produjo el corte: óxido, materiales muy sucios, etc.

Cuando existen heridas producidas por animales, en especial perros y gatos.

Cuando la víctima se ha tragado algún objeto punzante.

Ante desgarros musculares, contusiones, torceduras que impidan mover un miembro, fracturas y cualquier herida en los ojos.

Fiebre alta.

Cuando la persona tiene dificultad para respirar.

Cuando está inconsciente.

Ante dolores fuertes en el brazo izquierdo, pecho y pérdida de color en la cara.

Cuando se han producido quemaduras en la cara o en los ojos.

Cuando después de un ligero traumatismo el estado de la víctima no mejora al cabo de unos días.

Cuando existen vómitos acompañados de sangre o diarrea de color negro debido a la sangre.

Cuando se observan síntomas de deshidratación.