El café es un producto aceptado en nuestras sociedades, pero no es un producto ni mucho menos inofensivo. La sustancia activa del café es la cafeína que tiene unas cualidades estimulantes y reductoras de la fatiga. La cafeína debería utilizarse única y exclusivamente a modo de medicamento y en algunas ocasiones especiales ya que es muy adictiva. Quien beba más de tres tazas de café al día probablemente tendrá trastornos nerviosos y de sueño, estreñimiento crónico, gastritis y desarreglos cardiacos (palpitaciones, taquicardias, etc.)

Si el café natural provoca estas disfunciones, podríamos hablar bastante peor del café descafeinado, del torrefacto y del soluble.

Café descafeinado:
Está libre por lo menos del 90% de la cefeína original. Sin embargo, para lograr ese proceso de descafeinado, el grano se ve sometido a procesos químicos que inevitablemente dejan residuos que la persona que lo toma se lo bebe junto con su café.

Café torrefacto:
Es el café sometido a un torrefacto a altas temparturas que le da al grano ese color negro. En este tueste abrasador y por efecto del gran calor soportado, el café produce unas toxinas similares a la de la carne quemada o ahumada. Está ampliamente demostrado que estas sustancias son cancerígenas.

Café soluble:
Para lograr la liofilización , el grano molido pasa por un complicado proceso industrial en el que se utilizan productos químicos potencialmente peligrosos.

Cuanto menos café tomemos y en dosis bajas, mejor para nuestro cuerpo y para nuestra salud.