Espiritualidad: Ora en cada momento de tu vida

Nuestra alma y nuestra vida, frecuentemente, están sometidas a los vaivenes de nuestra mente y nuestra afectividad. Cada momento de nuestra vida puede tener distintas formas de oración.

Veamos distintos tipos de oración que podemos hacer:


1. Partir desde una palabra o una frase concreta.
Recrearse y profundizar en ella. Al cabo de algún tiempo, se va disolviendo la frase y va naciendo el silencio, muy importante ya, aunque sea solamente inicial.


2. Habla con Dios: conversa con Él.
A veces el orante necesita hablar, dialogar: conversa con Él. Derrama tu corazón ante Dios, hablándole con franqueza, con una conversación sencilla, recita un salmo, expresa lo que surja en tu corazón.


3. Alaba a Dios. Pídele sin dudar.
Dale gracias de todo corazón. Humíllate, pídele perdón y misericordia.


4. Reza despacio algo sabido.
Toma alguna oración que sepas de memoria, o toma alguno de los salmos que más vaya con tu situación, dejando que salga de tu alma, diciéndoselo despacio, dando la oportunidad a que se creen pequeños espacios de silencio al recitar lentamente como cayendo en la cuenta de lo que dices.


5. Toma un libro y lee despacio.
Toma la Biblia o un libro de espiritualidad e ir leyendo despacio, detente en cada frase o palabra, ora, háblale a Dios, sencillamente. Repítele despacio alguna frase o palabra que te guste de las que leas; pídele con confianza, suplica, gime, llora tus pecados, humíllate, dale gracias o calla silencioso.


6. Mira una imagen y derrama ante ella tu corazón.
Con los ojos abiertos mira algún cuadro o imagen y di alguna frase o palabra, háblale. Verás que poco a poco atravesarás el espejo y estarás hablando con quien está más allá de la imagen.


7. Mira en silencio una imagen y déjate impregnar.
Con los ojos abiertos, mira algún cuadro o imagen sin decir nada, ni pensar nada, deja que entre y te modifique, sumergiéndote en el silencio, que siempre está detrás de cada imagen.


8. Orar desde el silencio.
Cuando no tengas ganas de decir nada; cuando te sientas abatido, decaído, triste, vívete como una lámpara que se consume silenciosamente en presencia de Dios y como un jarro vacío que espera ser llenado. Esa es tu ofrenda. Puedes experimentar en el silencio el amor, la misericordia de Dios, la esperanza que purifica...


9. Cuando no sientas la presencia de Dios.
En días de sequedad, de desierto, de insensibilidad a Dios, no debes huir de tal situación. Sumérgete en ella. Deja que Dios conduzca tu crecimiento de una manera que tú ignoras.


10. Orar en días de tristeza y angustia.
Getsemaní, el huerto de la agonía de Jesús. Hay días de verdadera agonía, uno se siente morir. Es el momento de vivir el misterio de Jesús en el huerto. Vivir ese sometimiento esencial al querer de Dios, con repugnancia; no se siente absolutamente nada; más bien un rechazo grande de la sensibilidad.



Letanías de la humildad:

Oh Jesús, manso y humilde de corazón, escúchame:
Del deseo de ser estimado... Líbrame, Jesús.
Del deseo de ser amado...
Del deseo de ser exaltado...
Del deseo de ser honrado...
Del deseo de ser alabado...
Del deseo de ser preferido a los demás...
Del deseo de ser aprobado...

Del temor de ser humillado...
Del temor de ser despreciado...
Del temor de ser rechazado...
Del temor de ser calumniado...
Del temor de ser olvidado...
Del temor de ser ridiculizado...
Del temor de ser injuriado...
Del temor de ser sospechoso...