Vida espiritual: La fe, la esperanza y el amor

Los cristianos tenemos que tener siempre presente en nuestra vida las virtudes teologales: fe, esperanza, caridad (amor). No por el hecho de haber recibido el bautismo, o por participar en la misa o en los grupos de espiritualidad, etc. ya tenemos fe. Es en las diferentes circunstancias de la vida de cada día donde se demuestra si tenemos o no tenemos una fe verdadera. En la vida diaria es donde tenemos que dar testimonio de nuestra fe a los demás.

¿Cómo sabemos que cuando nos ponemos a rezar nos encontramos con Dios-Padre-Amor y no con nosotros mismos; con el vacío; con un ídolo?Porque nos fiamos de Jesús que nos dice que cuando oramos, en verdad Él sale a nuestro encuentro. La fe es la que establece una relación interna con Dios.La fe no es sólo "sentir" (un sentimiento). Tenemos que orar no porque sentimos o no sentimos, sino porque creemos.

La fe es imprescindible para poder llevar una vida auténticamente espiritual y una vida de oración verdadera. La fe, la esperanza y el amor tienen que estar presentes en nuestra vida de cristianos, cada minuto, cada momento, en cada acto. Esto lógicamente es una tarea que nos llevará años y años en el seguimiento de Jesús.

La fe la recibo en el bautismo, pero la recibo como un germen, como una semilla que tengo que ir haciendo crecer, lo mismo que la esperanza y el amor. Y podrán ir creciendo en la medida en que las ejercite.

Las virtudes teologales (fe, esperanza, amor) tienen que ir cada día creciendo en nuestra existencia. Nuestra se fe se basa en una persona; nosotros creemos en Jesucristo. Tenemos que diferenciar lo que es la fe y en quién creemos de las cosas en las que están envueltas la fe: adaptaciones, mentalidades, culturas, personas, lugares, tiempos, etc. Me pueden fallar las circunstancias y las personas determinadas, pero no la fe en Jesús. El no haber sabido diferenciar esto es lo que ha provocado que muchas veces se rechace la fe, cuando en el fondo de que se rechaza es algo accesorio. Cuando se conoce bien a Jesús, cuando se establece una relación personal-comunitaria con Él, no es tan fácil rechazarlo.

La oración es un ir creciendo en la fe. El no saber muchas veces el porqué de las cosas, pero fiarme, poner mi vida en las manos de Alguien que sabe más que yo, que sabe lo que me conviene, y pedirle que me ayude cuando siento que los acontecimientos externos me golpean profundamente y me hacen tambalear mi confianza en Él.

Tenemos que ir logrando una fe madura, adulta, personalizada que sepa distinguir lo esencial, aquello que se debe creer y las formas externas, que inclusive con el paso del tiempo cambian; que sabe separar la fe en Dios de personas o grupos que son relativos, que con el tiempo pasan y que no pueden expresar todo lo que es la fe, ya que son limitados.

La fe no se queda en algo puramente interno, de cada persona, sino que debe pasar a la realidad social, para que las estructuras sociales se llenen de Dios.

Cuando una persona dice que ha perdido la fe o que la está perdiendo, lo primero que tenemos que fijarnos es si esa persona de verdad creía en el Señor, si tenía su vida fundada en Jesús; si realmente la resurrección estaba presente en su vida. Muchas veces lo que ha ocurrido es que la persona no estaba fundada en Dios sino en apariencias o en personas concretas: le falló la persona, pues le falló la fe... Si nuestra fe está fundada en Jesús y sólidamente construida en Él nadie la hará tambalear. Si, en cambio, a pesar de que creamos que "tenemos fe", pero no está fundada en Cristo, ante el menor comentario, ante la menor dificultad, ante la menor crítica... nuestra fe se tambaleará o definitivamente se perderá. La fe hay que cuidarla como un bien frágil y delicado porque el mundo en el que estamos no nos ayuda a mantenerla, y, muchas veces, tampoco nosotros sabemos cómo hacerla crecer.