Vivir en el Espíritu: Encontrar a Dios en la vida


Decimos que creemos en Dios, pero ¿hemos experimentado de verdad su presencia en nuestra vida?

A Dios le vamos conociendo en la medida que le vamos tratando. Tenemos que relacionarnos con Dios como con una persona concreta, como la persona más querida y la que más nos quiere, de ahí que los cristianos cuidemos tanto nuestras relaciones con los demás. Aprendiendo a querer de verdad a los demás estamos aprendiendo a querer a Dios.

Para vivir la fe no nos debemos de contentar con ser sólo un buen teórico o conocer mucho de la religión. Tenemos que ser profetas o testigos del amor que Dios nos tiene.

Muchas personas sufren porque ven en los demás más defectos que virtudes. Dios siempre ve más las virtudes que los defectos de cada ser humano...

Tenemos que aprender a tener experiencia de Dios no un saber cosas sobre Él.

Experimentar a Dios es sentirlo tan tan cerca que forma parte de tu vida.

Tenemos que ser profetas o testigos, no tenemos que ser teóricos o activistas de Dios.

Para profundizar en Dios tenemos que tener un diálogo de interioridades: estás conmigo, estoy contigo.

Tenemos que organizar ordenadamente y cultivar mucho la vida privada con Dios. Hay que sosegar los nervios, soltar las tensiones, silenciar los clamores interiores, controlar nuestra mente y acoger el misterio infinito de Dios y adorarlo desde ahí.

Para encontrarnos con el Señor hay que viajar hacia adentro, porque sólo la persona interior es la que puede entrar en comunicación con el Señor. Los que viven en las afueras del alma difícilmente podrán zambullirse en Dios. San Juan de la Cruz dice que son los arrabales bulliciosos, llenos de niños que juegan y gritan; o como un mercado lleno de toda clase de gentes que pasan, conversan, compran y venden. Son los sentidos exteriores, la fantasía, la imaginación que perturba la percepción de las realidades interiores.

¿Cuáles son los pasos que sigue el alma del ser humano hasta llegar a Dios?

Primeras etapas: Dios deja la iniciativa al alma, es decir, permite que el alma busque sus propios medios y apoyos como si el hombre fuera el único constructor de su propio mundo. La persona se encuentra radiante, ora con mucha alegría pero fundamentada en técnicas y mecanismos humanos.

Grados más avanzados: En la medida que el alma avanza en su itinerario hacia grados más elevados, Dios va tomando la iniciativa poco a poco, e interviene cada vez más directamente mediante apoyos especiales y toques inesperados.

El alma se va dando cuenta que aquellos medios psicológicos, que antes tanto le ayudaban, ahora ya son muletas inútiles. Dios, cada vez más resueltamente, arrebata al alma todas las iniciativas, la va sometiendo a la sumisión y abandono, en la medida en que paulatinamente, va entrando el Espíritu Santo, el cual, finalmente, va quedando como único arquitecto hasta transformar el alma en hija predilecta de Dios e imagen viva de Jesucristo.

En resumen, en sus primeros pasos, el alma, como niño que comienza a caminar, necesita y busca apoyos psicológicos, métodos de concentración, ejercicios de silenciamiento, puntos de reflexión.

Cuando Dios irrumpe en el escenario, el alma siente necesidad de purificarse mediante una operación general de entrega a Dios. Una vez conseguida la pureza, la libertad y la paz, el alma se halla en condiciones de avanzar sin ningún obstáculo hacia la unión plena con Dios.

* ¿Qué podemos hacer para profundizar un poco más en el Señor?
* ¿Qué plan de vida vas a tener en cuenta?
* ¿Cómo podemos educar nuestro interior para tener un encuentro con el Señor?


©Mario Santana Bueno