El amor y la oración

Todos los grandes maestros espirituales concluyen que la raíz de la auténtica oración es el amor. Donde no hay amor no hay auténtica oración cristiana.

Orar es poner toda la atención amorosa en Dios. El amor es quien nos estimula a poner toda nuestra atención hacia Dios.

La raíz de la vida cristiana es el encuentro amistoso con Dios, a través de Jesús. Ante la pregunta de los primeros discípulos a Jesús: "Maestro, ¿dónde vives?, Jesús contestó: "Vengan y lo verán". Y dice el Evangelio que aquellos hombres se fueron con Él, y con Él quedaron para siempre (Jn 1,35-39). Así a lo largo de la historia una y otra vez se ha ido repitiendo este acontecimiento en millones de hombres y mujeres.


¿Qué pasos hay que seguir para el encuentro con Dios?

1. Sentir que somos amados por Dios: "Si amamos a Dios es porque Él nos amó primero" (1Jn 4,19). "Ustedes son mis amigos...ya que no les puedo llamar siervos... porque les he descubierto todos los secretos del Padre." (Jn 15,14-15).

2. El encuentro con Dios no es alejarnos de la humanidad, ni de nuestra propia condición humana ni la de los demás. Los cristianos tenemos la convicción que el amor es el mejor aporte que podemos hacer a los demás, de ahí que queramos profundizar en el Amor Verdadero. Creemos que el amor es el elemento más necesario para la transformación de la humanidad y de nosotros mismos...

3. Profundizar en el amor de Dios que actúa en nosotros. Cuando vamos profundizando en el amor vamos entrando en un nivel donde hacemos nuestras las alegrías y las penas que nos rodean. Cuando vivimos en el amor nadie nos es indiferente.

4. El cristiano ama a Cristo, pero hoy encuentra a Cristo padeciendo en las guerras, en las injusticias sociales, en las enfermedades y en todo tipo de sufrimiento humano.

5. Tener un corazón sensible. La persona que quiere estar siempre con Cristo debe tener un corazón de amigo para todas las personas. Si Dios se ha hecho mi amigo y se ha quedado en las demás personas ¿Cómo no voy a amar yo a los que me rodean?

6. Tener amistad con Dios. La amistad verdadera es quella que lleva a mucho más que a dar tus cosas, incluso mucho más que dar tu tiempo, tu salud, tus capacidades... La amistad verdadera -a la que nos invita Jesús- nos lleva a darnos a nosotros mismos desde lo que somos, a desaparecer en favor de los demás.
Esto no es posible sin tener un corazón bastante abierto al amor, bastante humilde, bastante atento a los demás y bastante despegado de todo y de uno mismo. La amistad plena es imposible sin la total pobreza de corazón.


7. Vivir toda la vida para Dios. "Cuando descubrí que Dios existía, no pude hacer nada más , en adelante, que vivir para Él". (Carlos de Foucauld).

8. Vivir descubriendo a Dios en los más pobres y débiles de nuestro mundo.

9. Explorarnos en Dios. El amor es una exploración, un salir de nuestro yo para buscar el misterio de Dios y de los otros. Y esta búsqueda no tiene fin...

10. "Ustedes en Mí, yo en ustedes, como mi Padre en mí y yo en Él." (Jn 14,20)