El Adviento (I de VII):
El Sentido de las palabras del Adviento

Por Felipe Santos


El término “Adviento” viene de la palabra latina “Adventus” que se traduce habitualmente por “Llegada”.

Efectivamente, hay más en este término litúrgico puesto que, en su origen, un término griego profano se empleaba por los cristianos de los primeros tiempos: “parousía”.

Ellos no divisaban todavía la creación de un lenguaje religioso específico. Usaban el lenguaje corriente para caracterizar los acontecimientos religiosos.

Parusía, llegada, significaba la venida anual de una divinidad para visitar a sus fieles. El dios, cuya estatua se proponía al culto de una manera particular, se consideraba que debía permanecer en medio de los suyos mientras que duraba la solemnidad.

Era lo mismo para la corte imperial. Parusía, llegada, designaba la primera visita oficial de un personaje importante con su llegada o su entrada solemne a su cargo.

Hay monedas romanas de Corinto que perpetúan “la Llegada del Austo”, la llegada de Nerón. El “Cronógrafo de 354” designa el día de la llegada del emperador Constantino como “la llegada del divino”, la llegada del emperador divino,

Los primeros escritos cristianos emplean esta palabra, tanto en griego como en latín para designar la llegada de Cristo entre los hombres. La llegada en la carne, que inaugura los tiempos mesiánicos. La llegada gloriosa, al fin de los tiempos, que coronará la obra redentora al fin del mundo.

Poco a poco, con la evolución de una sociedad que se aleja de las costumbres sociales romanas e imperiales, esta palabra caracterizó el tiempo litúrgico que precede a la Navidad. Pero, en los textos litúrgicos, la doble llegada de Cristo se menciona, particularmente en el primer domingo de este tiempo.


Las grandes antífonas“O”

El 17 de diciembre era el día inicial del Adviento según el concilio de Zaragoza (380). Hay testimonio de esta liturgia de las antífonas en los sacramentarios de la época carolingia.

La Iglesia romana conservó esta fecha para comenzar el canto cotidiano de las antífonas propias para esta preparación de Navidad, antífonas que comenzaban cada vez por “O”.

Los religiosos enumeraban así los títulos divinos del Verbo encarnado, antes de salmodiar el cántico de acción de gracias de la Virgen María, cuando ella misma esperaba a su hijo. A través de las imágenes antiguas de la Biblia, estas “antífonas O”, era a la vez una síntesis del más puro mesianismo del Antiguo Testamento y también la esperanza actual de la Iglesia.

Día 17: “Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la salvación”.

Día 18: “Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ven a librarnos con el poder de tu brazo”.

Día 19: “ Oh Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ven a librarnos, no tardes más”.

Día 20: “Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombra de muerte”.

Día 21: “ Oh Sol que naces antes de tiempo: dejad que venga el Señor. El iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios”.

Día 22: “ Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra”.

Día 23: “ Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor Dios nuestro”