La Biblia no habla de la reencarnación. Lo que defiende es que todos resucitan, a semejanza de Jesús de quien se dice que «ha resucitado de entre los muertos como primicias de los que mueren» (1Cor 15,20).

La resurrección de Jesús es el punto central de la fe cristiana. Sin ella no existiría el cristianismo.

Para entender la resurrección es importante que leamos muy despacio el capítulo 15 de la primera carta a los corintios. Pablo emplea la imagen del árbol lleno de frutos. El primer fruto en madurar (en la cultura del pueblo de la Biblia se habla de «primicia») es Jesucristo. Su resurrección es su maduración.

Cuando vemos un árbol con las ramas cargadas de fruta, una de cuyas piezas ya está madura, entendemos que las demás madurarán pronto. Es lo mismo que sucede con nosotros, según asegura Pablo. Jesús resucitado es el primer fruto maduro. Nosotros, después de la muerte, resucitaremos como Él.

El pueblo de Dios tardó siglos en llegar a creer en la vida después de la muerte. Pero también es cierto que todos los pueblos y culturas de la antigüedad creían en una especie de «comunión» con los que habían fallecido. A nosotros nos gusta también estar en sintonía con las personas queridas cuya presencia física hemos perdido definitivamente.

En el Antiguo Testamento encontramos diversos pasajes que ponen de manifiesto cómo el pueblo todavía no concebía la idea de una vida más allá de la muerte. Por ejemplo, el salmo 30 (29), sobre todo el versículo 10: «¿Qué ganas con mi sangre —(o sea, «con mi muerte»)— , con que baje a la fosa? ¿Puede el polvo alabarte, anunciar tu verdad?»

Pero, poco a poco, fue creciendo en el pueblo la certeza de una existencia después de la muerte. Dios, en su infinita bondad pedagógica, respetó los pasos del pueblo.

¿Cómo surgió y fue imponiéndose la idea de una vida después de la muerte?

Israel creía que Dios premia a los buenos y castiga a los malos. Pero la realidad parecía desmentir este principio, pues lo que con más frecuencia se veía —y todavía se ve— es que el justo sufre y el injusto queda impune. Son muchos los textos en la Biblia que reflejan esta preocupación. Entonces el pueblo se preguntaba: ¿Cómo es posible? A partir de aquí, y poco a poco, nació la idea de una existencia más allá de la muerte.

Los libros más recientes del Antiguo Testamento ya presentan estas concepciones como una conquista. Se puede consultar, por ejemplo, el capítulo 5 del libro de la Sabiduría, que afirma «Los justos viven para siempre» (5,15). La creencia en la resurrección aparece por primera vez en el Antiguo Testamento en el capítulo 7 del segundo libro de los Macabeos, donde uno de los hermanos Macabeos dice: «Tú, criminal, nos quitas la vida presente; pero el rey del mundo nos dará después una vida eterna a los que morimos por sus leyes.» (versículo 9).

El Nuevo Testamento y la práctica de Jesús van en este mismo sentido. Basta recordar algunos textos como, por ejemplo, Juan 6, 52-55 o el capítulo 11, que nos narra la resurrección de Lázaro. Jesús anunció la resurrección y la vida más allá de la muerte con sus acciones y sus palabras (mira, por ejemplo, Mt 22,23-33).

Uno de los textos más significativos se encuentra en el capítulo 15 de la primera carta a los corintios. En la ciudad de Corinto había gente que pensaba que la muerte era el final del camino de la vida. En este largo capítulo, Pablo ayuda a esas personas a reflexionar sobre eltema a la luz de la resurrección de Jesús. Otro texto interesante para el análisis está en 1 Tes 4, 13-18. En esta carta, Pablo todavía creía que la segunda venida de Cristo tendría lugar de modo casi inmediato. Señal de que también él, más tarde, tuvo que revisar su pensamiento.