El centro del mensaje de Jesús fue su anuncio de que el "reino de Dios había llegado."

¿Qué es el "reino de Dios" que Jesús anuncia?

Es el gobierno de Dios sobre la vida de las personas. Esto tiene lugar cuando la gente se da cuenta de que Dios es soberano del mundo. Significa también el "reino" o comunidad de personas en las que se obedece las leyes de Dios.

Durante mucho tiempo, los judíos esperaron el momento en que Dios habría de llegar con poder para ser su rey. Él liberaría a su pueblo y juzgaría a las naciones. El reino que Jesús anunciaba y traía, en cambio, "no era de este mundo." No llegaría por la violencia. De hecho, el reino de Dios ya había llegado con la venida de Cristo, pues Él fue el primero que obedeció plenamente a la voluntad de Dios. En otro sentido podemos decir que el reino de Dios no se ha hecho presente de manera total a todos, por eso seguimos pidiendo en el Padre Nuestro "venga a nosotros tu reino..." Mc 1,15, Jn 18,36, Lc 17,21, Mt 3,2, Mt 6,10, Mc 9,1, Lc 13,23-30, Mc 4,3-8

¿Cómo podemos aceptar en nuestra vida el reino de Dios?

Para aceptar el reino de Dios es necesario cambiar lo que hay en nuestro corazón. "Conviértete y cree". Tenemos que renunciar a todas las cosas de la vida y confiar en Dios. Mc 1,15, Mt 13,44-46, Lc 15,1-7, Lc 15, 11-32

¿Qué dijo Jesús sobre sí mismo ente esta llegada del reino de Dios?

Jesús tenía una estrechísima relación con el Padre, animaba a los discípulos que a llamar a Dios su "Padre". Llegó incluso a decir: "El Padre y yo somos uno". Por eso creer en Dios significa también creer en Jesús. Jn 10,30, Jn 14,1-14, Jn 6,5, Jn 19,20-30

La alegría siempre estuvo presente en el mensaje de Jesús. El reino de Dios redime a las personas y las libera para que tengan vida plena. Incluso cuando ayunan, los discípulos de Jesús deben estar alegres. En la parábola del hijo pródigo se termina haciendo fiesta y alegrándose "porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida." Jesús no fue un amargado que estaba siempre quejándose. Jn 10,10, Mt 6,16-18, Mt 11,19, Lc 15,11-32

Jesús anuncia "bendiciones" (bienaventuranzas, felicidad) para los "humildes": a los que tenían conciencia de que eran espiritualmente pobres. Bienaventurado significa "feliz". El reino de Dios pertenece a los pobres de espíritu, a los que esperan todo de Dios. Los misericordiosos tratan a los demás como Dios les trata a ellos. Las bienaventuranzas invierten la idea de la felicidad tal y como la entiende el mundo. Mt 5, 1-12, Lc 6,20-26

Los seguidores de Jesús no recibieron de Jesús pesadas cargas. Sus discípulos deben ser como su Maestro: dispuestos a renunciar a sí mismos y a sus propios intereses. Jesús les anunció que serían perseguidos. Pero no tenían que preocuparse. Mt 13.16-17, Mc 8,34, Lc 9,57-62, Mt 10,16-25, Jn 13, 4-17

Jesús hablaba de Dios como "Padre" en un sentido nuevo y más personal que nadie antes de Él. Enseñó que Dios era de una manera muy especial su propio Padre, pero también enseñó a sus discípulos a orar: "Padre nuestro..." Les enseñó a ir a Dios como hijos a un padre amoroso, clemente y sabio. Era una doctrina totalmente nueva para la época porque la religión de entonces era un jaleo de normas y más normas. Mt 6,6-18, Jn 1,12-13, Mt 9,14-17, Jn 4, 19-24, Mt 28,19, 1Cor 11,23-25