¿Qué significa la expresión "Cristo descendió a los infiernos..."?


Muchas veces cuando leemos la Biblia, nos encontramos con una serie de expresiones que son muy difíciles de entender sin una explicación. Veamos desde la Biblia una de estas expresiones y sus significado en el día de hoy.
“Cristo descendió a los infiernos”

Esta expresión nos puede confundir un poco ¿Cómo puede bajar Dios a los infiernos si el infierno es precisamente la ausencia de Dios?

Para los judíos y griegos de aquella época el morir era para ellos bajar al «sheol», al «hades», que era un mundo subterráneo o reino de los muertos. El infierno para ellos no significaba lo mismo que para nosotros hoy. El infierno, el «sheol» o el «hades», no era el lugar a donde iban los malos, sino el reino de los muertos a donde van todos, buenos y malos.

Cuando decimos que Cristo “descendió a los infiernos”, lo que estamos afirmando es que Cristo realmente estaba muerto, que no era un letargo que lo dejó como muerto. Cristo realmente murió, fue al lugar de los muertos (infierno-sheol-hades) y resucitó.

¿Por qué murió Cristo si Él no tuvo ningún pecado? En Rom 5, 12 se nos dice que por el pecado entró la muerte en el mundo, ¿Cómo entender entonces la muerte de Jesús?

Cristo no estuvo sujeto al poder de la muerte como lo estamos nosotros por el pecado. Jesús sí sintió el horror de la muerte como persona que era, pero no estaba sometido a su poder. Cristo aceptó la muerte para superarla, la asumió para despojarla de su poder, penetró en ella para destruirla en sí misma. (2 Tim 1,10 Rom 8,5).

Cristo, durante su vida, ya había dado señales de su dominio sobre la muerte al resucitar a Lázaro, al hijo d ela viuda de Naín, etc… y los fenómenos que sucedieron en el momento de Él expirar, como las sepulturas que se abrieron, los muertos que resucitaron, el terremoto, el eclipse del sol, hablan claro de la victoria de Cristo sobre la muerte. Pero la mejor victoria sobre la muerte fue su propia resurrección. Cristo acabó para siempre con el poder de la muerte. Con su resurrección, probó lo que siempre fue: que Él es la vida.

Los judíos en los tiempos del Antiguo Testamento no creían que Yahvéh se preocupara de los muertos, de los que iban al sheol o al hades (infierno). Jesús nos demuestra en cambio que la muerte ha sido superada por la Vida, o sea, por Él.

Cuando vemos algunas pinturas antiguas donde representa a Jesús resucitado, vemos a Jesús tendiendo una mano a los que están en el infierno (hades-sheol), para sacarlos de allí, esto es: Jesús da la mano para redimir a la humanidad de la muerte y les saca a la Vida.

Para los que creemos en Cristo, la muerte se convierte así no en un acontecimiento terrible, sino como una llamada amorosa de Dios al ser humano para que vuelva a casa.Los que viven aquí son todavía peregrinos y viajeros, mientras que los que han atravesado la puerta de la muerte han llegado ya a la casa del Padre (2 Cor 5,1). En este sentido la muerte no es enemiga del ser humano. Es su amiga. El cristiano consciente puede decir con san Pablo: «Para mí la muerte es ganancia» (Flp 1,21). Y se siente impulsado a clamar: «Ven , Señor Jesús» (1 Cor 16,22).

Esta actitud ante la muerte sólo es posible para aquel que crea que «Jesús es el Señor» (1 Cor 12, 3) y que quiera su muerte como participación en la muerte de Cristo.