¿Tiene que decir la Biblia todavía hoy algo a las personas que sufren tantas y tantas desgracias en su vida? ¿Tiene la Biblia contestación para todas las situaciones difíciles de la gente?

En primer lugar, hay que decir que la Biblia no es un recetario donde podamos recurrir como si fuese un libro de autoayuda o promoción psicológica. La intención de la Biblia no es esa.

Las tensiones entre las personas son tan viejas como el propio género humano. Podemos ver tensiones en la relación entre marido y mujer en: Gén 3,12-23 Gén 16,3-5 Gén 27,1-46.

Los conflictos entre padres e hijos y entre hermanos también quedan reflejados en las páginas bíblicas: Gén 9,18-27 Gén 27,1-46.

Según la Biblia, el divorcio también es una realidad muy antigua. Se habla de él en diversos pasajes como, por ejemplo Dt 24,1-4. En la época de Jesús algunos acostumbraban a despedir a las esposas por cualquier motivo. Había dos corrientes en relación con el divorcio: una tolerante —que permitía al marido despedir a su esposa por cualquier razón— y otra más severa que sólo admitía el divorcio en raras ocasiones. Jesús adoptó una postura muy clara ante esta cuestión: Mt 19,3-9.

Escribiendo a los corintios, Pablo se encuentra ante un hecho nuevo: se trata del caso en que uno de los cónyuges es cristiano y el otro no; si a pesar de ello consiguen vivir juntos, no pasa nada. Pero si no lo logran entonces pueden procederse a la separación, "porque el Señor nos ha llamado a vivir en paz" (1Cor 7,15b).

En la Biblia hay también otros escritos que animan a mantener la unidad en el matrimonio: Ef 5,28-30.33

El tema de la inestabilidad en el empleo también se toca, aunque la realidad de hoy es bastante distinta a la de la época bíblica. Desde el Antiguo Testamento hasta la época de Jesús, el ideal de todo judío era tener sus tierras para poderse ganar el sustento. Hubo épocas que la tierra llegó a concentrarse sólo en algunas personas. Esta realidad queda de manifiesto en las parábolas de Jesús: Mt 20,1-6. El dueño de la viña se da cuenta que esas personas están paradas. Y ellas le confiesan que nadie les ha contratado...

En tiempos de la Biblia, por tanto, las familias vivían la misma inestabilidad que experimentan muchas familias de nuestras días. Esta constatación nos ayuda a leer la Escritura con los pies en la tierra. La Escritura no cae de las nubes, sino que surge de los conflictos y de las tensiones que se viven a diario. Por eso se recomienda leer la Biblia contemplando al mismo tiempo nuestra realidad, pues, cuando lo hacemos así, se enciende una nueva luz.

Cuando se junta la palabra de Dios con la vida, hay personas que suelen decir: "Parece como si la Biblia se hubiera escrito en nuestros días, pues es un fiel reflejo de nuestra realidad." Es cierto. Precisamente en esto consiste la riqueza de la Palabra de Dios; la Escritura no habla de un pasado remoto, sino que habla de nuestros días, iluminando los pasos de nuestro caminar.

Ya decíamos al principio que muchas personas ven la Biblia como un recetario, y, lógicamente, esto no es así. Más que dar respuestas y soluciones ya hechas, la Biblia sugiere caminos que han de ser recorridos para alcanzar la felicidad.