Tu escritura es latina. Tus cifras árabes.
Tu coche, alemán. Tu ordenador, americano.
Tu pizza, italiana. Tu democracia, griega.
Tu café, brasileño. Tus vacaciones, turcas.
Tus alfombras, persas. Tu té, ceilandés.
Tu cámara, japonesa. Tu perfume, francés.
Tus electrodomésticos, europeos. Tus refrescos, caribeños.
Tus safaris, africanos. Tu güisqui, escocés.
Tu oro, sudafricano. Tu cacao, senegalés.
Tu cuero, argentino. Tus modales, ingleses.
Tus manteles, portugueses. Tu incienso, hindú.
Tus puros, cubanos. Tu porcelana, china.
Tu gato, siamés. Tu perro, siberiano.
Tu acuario, tropical. Tu petróleo, kuwaití.
Tu reloj, suizo, Tu marfil, congoleño.
Tu sauna, finlandesa. Tu sol, mediterráneo.
Tu ropa, importada, tus útiles, made in…
Tu Cristo, judío. Y tu vecino…
¿Un despreciable extranjero?

(Florentino Ulibarri)