"Te encargo mucho que prediques el mensaje, y que insistas, tanto si es el momento oportuno como si no lo es. Convence, reprende y anima, enseñando con toda paciencia. Va a llegar el tiempo en que la gente no soportará la sana enseñanza; más bien, según sus propios caprichos se buscarán un montón de maestros que solo les enseñen lo que ellos quieren oír. Darán la espalda y harán caso a toda clase de cuentos. Pero tú conserva siempre el buen juicio, soporta los sufrimientos, dedícate a anunciar el evangelio, cumple bien con tu trabajo."

(De la Biblia: Segunda carta a Timoteo, capítulo cuatro, versículos del uno al cinco. 2Tim 4,1-5).