"Me llegó la palabra de Yahveh, que decía:
Antes que te formara en la entrañas te conocía;
antes que tú salieses del seno materno te consagré
y te designé para profeta de pueblos.
Y dije: Ah, Señor, Yahveh,
no sé hablar;
soy todavía un niño.
Y me dijo Yahveh:
no digas:
pues irás a donde te envíe yo
y dirás lo que yo te mande.
No los temas, que yo estaré contigo para protegerte,
palabra de Yahveh.
Tendió Yahveh su mano y tocando con ella mi boca, me dijo:
Mira que pongo en tu boca mis palabras.
Hoy te doy sobre pueblos y reinos
poder de destruir, arrancar, arruinar y asolar;
de levantar, edificar y plantar"

(Jer 1. 4-10).