“Honrar al Señor trae gloria, satisfacción, alegría y una corona de gozo.
Honrar al Señor alegra el corazón, trae gozo, alegría y larga vida.
Al que honra al Señor, al final le irá bien; cuando muera todos hablarán bien de él.
La sabiduría comienza por honrar al Señor; ella acompaña a los fieles desde el seno materno.
Puso entre los hombres su hogar para vivir siempre allí, y se mantendrá fielmente con ellos.
La sabiduría perfecta consiste en honrar al Señor; ella colma a los hombres con sus frutos.
Llenará sus casas de todo lo que quieran, y sus graneros de las cosechas que ella produce.
Honrar al Señor es coronarse de sabiduría; ella hace que florezcan la paz y la salud.
Hace venir como lluvia la ciencia y la inteligencia, y llena de honores a quienes a ella se aferran.
La raíz de la sabiduría es honrar al Señor, y en sus ramos se encuentra larga vida.

Enojarse injustamente no tiene disculpa, porque el ímpetu de la pasión lleva al hombre a la ruina.
El que es paciente aguantará mientras sea necesario, y al final su recompensa será la alegría.
Mientras sea necesario, se quedará callado, y después muchos alabarán su inteligencia.
La sabiduría hace hablar con sensatez, pero el pecador aborrece dar culto a Dios.
Si buscas la sabiduría cumple los mandamientos y el Señor te la dará en abundancia.
Honrar al Señor es ser sabio e instruido; a él le gustan la fidelidad y la humildad.
No te niegues a honrar al Señor, ni te acerques a Él con hiprocresía.
No seas hipócrita delante de los hombres, y fíjate en lo que dices.
No te eleves demasiado, si no quieres caer y traer sobre ti mismo la deshonra.
El Señor pondrá al descubierto tus secretos y te humillará delante de la gente,
por no haberle dado honra y por tener el corazón lleno de engaños.”

(De la Biblia: Eclesiástico 1, 11-30 (capítulo uno, versículos del once al treinta).