"Dios, por su poder, nos ha concedido todo lo que necesitamos para la vida y la devoción, al hacernos conocer a aquel que nos llamó por su propia grandeza y sus obras maravillosas. Por medio de ellas nos ha dado sus promesas, que son muy grandes y de mucho valor, y por las cuales llegarán a tener parte en la naturaleza de Dios y escaparán de la corrupción que los malos deseos han traído al mundo. Por eso deben esforzarse por añadir a su fe la buena conducta; a la buena conducta, el conocimiento; al conocimiento, el dominio propio; al dominio propio la paciencia; a la paciencia, la devoción; a la devoción, el afecto fraternal; y al afecto fraternal, el amor.

Si poseen estas cualidades y las desarrollan, ni su vida será inútil ni habrán conocido en vano a nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no las posee es como un ciego o corto de vista; ha olvidado que fue limpiado de sus pecados anteriores. Por tanto, hermanos, ya que Dios les ha llamado y escogido, procuren que esto arraigue en ustedes, pues haciéndolo así nunca caerán. De ese modo se les abrirán de par en par las puertas del reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo."

(De la Biblia. Segunda Carta de Pedro, capítulo uno, versículos del 3 al 11). 2Ped 1,3-11.