“Así pues, ustedes, que no son judíos, y que son llamados «incircuncisos» por los judíos —que circuncidan al hombre en el cuerpo, y que a sí mismo se llaman «circuncidados»—, recuerden que en otro tiempo estaban sin Cristo, separados de la nación de Israel, y que no tenían parte en los pactos ni en la promesa de Dios. Vivían en este mundo, sin Dios y sin esperanza.Pero ahora, unidos a Cristo Jesús por su sangre derramada, ustedes, que antes estaban lejos, han sido acercados.

Cristo es nuestra paz. Él ha hecho de judíos y no judíos un sólo pueblo nuevo, destruyendo el muro de enemistad que los separaba. En su propio cuerpo, Cristo ha puesto fin a la ley consistente en mandatos y reglamentaciones, y ha formado de ambos pueblos un solo pueblo unido a Él. Así ha hecho la paz. Por su muerte en la cruz, Cristo ha dado fin a las luchas entre ambos pueblos, y los ha puesto en paz con Dios, haciendo de ellos un solo cuerpo.”

De la Biblia: de la carta a los efesios, capítulo 2, versículos del 11 al 16. (Ef 2, 11-16)