UNA HOJA EN BLANCO

Una hoja en blanco siempre me ha parecido un mundo lleno de posibilidades, un mundo necesitado de colores.

De crear cosas nuevas, de sentir que a través del bolígrafo van saliendo retales de tu vida, que acaban creando una composición perfecta, en armonía y sinfonía y que simplemente te permiten ser tú, sin que nadie se meta por medio para decirte lo que es mejor o no para ti, solamente necesitas fluir y fluir como la vida misma.

Es como entrar en conexión con el poder que todos llevamos dentro, y que le pongas el nombre que le pongas, acaba por ayudarte a decir lo que sientes y no te atreves a decir, o simplemente te permite abrir tu corazón para ser un poquito más feliz cada día, despojándote del pesado equipaje de nuestra vida.

Es curioso, pero sucede algo mágico entre la hoja en blanco y tú; vives la libertad que tanto ansías y que a veces no te atreves a buscar, hablo de la libertad en ti mismo y que acaba contagiándote.

Siempre creemos que son los demás los que nos tienen presos de una forma u otra, y en ocasiones somos nosotros mismos los que nos hacemos presos y a la vez los que tenemos la llave para abrir la celda que nos libera, y no nos atrevemos.

Cuando observas la hoja en blanco, sientes que es como un lienzo que te atrae, que te habla sin decir nada y que espera ansioso que pintes tu mundo en él, con los colores que sientes y que te dan vida.

Eso es lo que siento, al tener una hoja en blanco delante de mi, un mundo lleno de posibilidades que me permiten descubrir quien soy en realidad, sin conservantes ni colorantes que cubran la auténtica persona que soy y en la que me quiero convertir. Es algo parecido, a lo que ha ocurrido en mi vida, en lo últimos años, una vida en blanco en la que estoy empezando a escribir y a pintar mi verdadera vida, y descubriendo lo que me ayuda a vivir cada día motivada y feliz...

(c)2009 Rosa Díaz Santiago