AYER...

Ayer parece un tiempo pasado que solo tiene horas de diferencia con respecto al día de hoy, pero es algo más que esto.

Ayer se nos quedaron tantas y tantas cosas por decir, ayer dejamos tantas y tantas cosas por hacer, ayer dejamos personas y circunstancias que hoy ya no están, y la frase melancólica que surge en nuestra mente es: ¡cuánto ha cambiado mi vida!, haciéndonos creer que nuestro pasado fue mejor que nuestro presente.

Ayer no es hoy, y hoy no es ayer, esto que parece simple, a mi modo de ver, si lo tuviéramos claro nos evitaríamos muchas depresiones, mucho dolor, y mucha culpa que puede estar obstaculizando nuestro presente de hoy, de ahora, y nos ayudaría a comprender que también nosotros hemos cambiado y que nuestro presente siempre es mejor que cualquier otro momento de nuestra vida.

Hoy hemos crecido de una forma diferente y entendemos que somos capaces de llevar a cabo lo que nos propongamos, pero la voz de ayer parece volver y le seguimos la corriente creyendo que eso es lo correcto.

Poco a poco la sabiduría de la vida te va enseñando que el ayer se tiene que quedar en el ayer, y si vuelve a nuestra mente es para sanarlo, comprenderlo o aceptarlo, nunca para dirigir nuestro presente, que es lo que tenemos que impedir a toda costa.

De todas formas, en el ayer no fue todo malo, fue un tiempo necesario en nuestras vidas para estar hoy aquí, donde aprendimos muchas cosas y tuvimos vivencias agradables, pero que por muy bien que lo pasáramos no podemos tampoco estar toda la vida recordando “aquellos tiempos” con esa nostalgia, que parece impedir que hoy se produzcan en nuestra vida también muchos momentos inolvidables.

Cuando terminemos de leer estas hojas, este momento ya pertenecerá al pasado, y no hay vuelta atrás, porque la vida es un eterno presente que se renueva cada día en nosotros, es como aprender a decir adiós a cada instante, y esto a su vez, hace que te sientas libre y feliz, a la vez que liberamos a los demás de nuestras ataduras, regalándoles felicidad.

(c)2009 Rosa Díaz Santiago