Texto:

"Ay de los corazones débiles, que no tienen confianza!
¡Dios no los protegerá!
¡Ay de los que no saben soportar con paciencia!
¿Qué harán cuando el Señor los ponga a prueba?"
(Eclesiástico 2, 13-14)

La debilidad física es mala, pero la debilidad del corazón, de nuestra alma, es infinitamente peor.

Hay persona que se pasan la vida lamentándose de su suerte o de los acontecimientos de su vida, o de lo que los demás le han hecho… Si dedicaran tanto tiempo a la superación personal como a la lamentación seguro que avanzarían con paso firme y decidido, pero no, se lamentan constantemente y así su dolor se vuelve estéril para ellos y para los demás. Los sufrimientos de los que están siempre quejándose a nadie conmueven, ni siquiera a Dios.

Tenemos que aprender a lamentarnos menos y a luchar más. Dios nos consuela cuando ve el cansancio de nuestra lucha, no cuando somos complacientes con nuestra cobardía.

Dios no protege a quien cree que la debilidad es su único horizonte.

¿De dónde saca la fuerza el corazón débil? De la cercanía a Dios. Sólo de Dios podemos engrandecer nuestro corazón.


La tarea de la semana:

1. ¿Cuáles son tus debilidades?
2. Intenta superar alguna de ellas esta semana con paciencia. No significa que la tengas que superar del todo. Solamente te pido que veas que es posible superar aunque sólo sea un momento...
3. Busca a una persona que pueda ayudarte en tus debilidades y que te haga descubrir tu propia realidad.

© 2003 Mario Santana Bueno.