Texto:

“Quien no se preocupa de los suyos, y sobre todo de los de su propia familia, ha negado la fe y es peor que los que no creen."
(1 Tim 5,8)


Los católicos creemos que la familia es la base de la sociedad. Si la familia funciona, la persona que forma parte de ella se realiza como ser humano y como creyente. Vivir en familia verdaderamente felices es el mejor aprendizaje que podemos hacer del mundo en el que vivimos.

En la familia aprendemos las cosas esenciales que nos hacen ser como realmente somos; pero la familia que no es digna de llamarse tal, puede dejarnos con traumas y sufrimientos para el resto de nuestros días.

Vivir en familia es la primera oportunidad que se nos ofrece de amar de verdad a los que nos rodean. Es una enseñanza vital para amar después a otros.

Quien no ha aprendido a amar desde su familia se le hará muy complicado amar a alguien fuera de ella.

Muchas veces estamos tan enfrascados en el amor a los demás que nos olvidamos de amar al que comparten nuestro mismo apellido.

Hay cristianos que se desviven por los otros, pero no son capaces de percibir que hay un hijo, una esposa, un esposo, una hija, un hermano o hermana, una persona con su misma sangre, que necesita de ese apoyo y ayuda que damos a los demás a manos llenas…

No podemos decirnos que somos seguidores de Cristo cuando no tenemos en cuenta al prójimo, al "próximo" familiar…

¿Cómo es posible que te creas una buena persona e incluso un buen cristiano, si haces oídos sordos a quien de tan cerca te pide ayuda…?


La tarea de la semana:

* Revisa seriamente tus relaciones familiares.

* Analiza cuál es la relación que tienes con cada uno de los miembros concretos de tu familia y encuentra el porqué de esa situación.

* Intenta tener detalles (afectos, sonrisas, comprensión, muestras de afectos, un pequeño regalo…) con las personas de tu familia.

Ojalá que esta tarea que comienzas esta semana la vivas cada día el resto de tu existencia.

©2003 Mario Santana Bueno.