Texto:

"Más valen dos que uno, pues mayor provecho obtienen de su trabajo. Y si uno de ellos cae, el otro lo levanta. ¡Pero ay del que cae estando sólo, pues no habrá quien lo levante!"
(Eclesiastés, 4, 9-10)


La soledad no es una buena compañía.

Hay personas que prefieren estar solas por miedo a que los demás le hagan daño, o porque no han desarrollado sus habilidades sociales para un encuentro provechoso con los que le rodean. Tienen miedo a dejar de estar solos. Y es precisamente la soledad quien le produce mayor sufrimiento que si se relacionase con los otros.

No es lo mismo la soledad que estar solos. Hay muchas veces que necesitamos estar solos, pero nunca debemos de desear la soledad. Estar en soledad significa sentir que tu vida no es importante para nadie, que nadie te espera, que tu vida es totalmente estéril.

Quienes desean vivir solos seguro que no ambicionan la soledad. La soledad no asumida es la madre de muchos comportamientos neuróticos y de grandes desajustes mentales. El ser humano no está hecho para vivir sino para convivir.

La soledad no es una vocación. Incluso el monje o la monja descubre en su estar solos la presencia de Dios que lo abarca todo. Ni siquiera Jesús en la cruz en los postreros momentos de su muerte se fue solo. Le dijo al ladrón bueno: "Hoy estarás conmigo en el paraíso…"

El individualismo, la soledad no asumida, las neurosis obsesivas motivadas por la cerrazón de la persona, son posturas que no tienen nada de cristianas. Quien se refugie en la fe de Cristo para ocultar sus propias cobardías nunca experimentará la compañia de Dios ni de los demás. El amor es relación no soledad.


La tarea de la semana:

* Escribe en un papel si te cuesta relacionarte con los demás. Pregúntate el porqué.

* ¿En tu ambiente te consideran una persona "extraña"?

* Relaciónate esta semana con personas cercanas. Intenta una relación de amistad.

Quiera Dios que esta tarea que comienzas esta semana la vivas cada día el resto de tu existencia.

©2003 Mario Santana Bueno.