Texto:

"Él nos consuela en todos nuestros sufrimientos, para que también nosotros podamos consolar a los que sufren, dándoles el mismo consuelo que Él nos ha dado. Porque así como los sufrimientos de Cristo se desbordan sobre nosotros, y nosotros sufrimos con Él, así también por medio de Cristo se desborda nuestro consuelo."
(2ª Corintios 1, 4-5).


Consolar es estar al lado de una persona que se encuentre sola. Etimológicamente expresa la idea de acompañar, y esto es lo que significó en los primeros tiempos. Luego se advirtió que quien vive en soledad está ordinariamente triste, y el acompañar al que está solo; es decir, el consolar, significó asistir al afligido.

Quizás es el consuelo una de las expresiones que más se echamos en falta en nuestro mundo. Vemos personas en las calles deseosas de hablar, de expresar el sufrimiento que llevan dentro. Tienen que soltar con quien sea el dolor que les atormenta. Y es ahí donde se tiene que hacer presente el consuelo.

Podemos consolar con la palabra, con la mirada, con el gesto y con el silencio.

Son muchas las formas que existen de consolar al que sufre, pero ocurre que estamos tan ocupados en nuestra propia vida y tragedias que no dejamos espacio para el consuelo de los otros.

Si nos fijamos más en el sufrimiento de los otros dejaremos de quejarnos tanto. Si nos esforzamos en consolar al que sufre nuestro propio sufrimiento se difumina en el consuelo que das.

¿Y quién me consuela a mí ? Dicen muchos. El consuelo del cristiano tiene que venir en primera instancia de Dios para luego repartirlo entre los que le rodean.


La tarea de la semana:

* Busca en tu ambiente cercano (familia, vecinos, compañeros de trabajo...) a las personas que necesitan de consuelo.

* Intenta dar algún tipo de consuelo al menos a dos personas en esta semana.

* Visita a personas que estén sufriendo y que necesiten de cercanía humana.

Quiera Dios que la tarea que comienzas esta semana la vivas cada día el resto de tu existencia.

©2003 Mario Santana Bueno