1. Sé puntual.- La persona que llega con retraso es descuidada y apática; se esfuerza ganar unos segundos después de haber desperdiciado horas. Si eres puntual, estarás en condiciones de exigir puntualidad a los demás y los estimularás a que ellos también sean puntuales.

2. Sé cumplidor de tus obligaciones.- Quien cumple bien sus obligaciones será estimado por las personas que le conocen. Procura siempre cumplir lo que prometes. Si te resulta imposible cumplir lo prometido, debido a circunstancias imprevisibles, ofrece una explicación satisfactoria lo antes posible.

3. Sé amable con los demás.- Pero sin conceder por ello excesivas libertades, de modo que luego vengan las deslealtades, los chascarrillos, las bromas y burlas y, más adelante, la vulgaridad más absoluta. La sonrisa también es un signo de amabilidad hacia los otros.

4. No hables nunca mal de los otros.- Ten en cuenta que aunque hables mal de otros no vas a mejorarlos con tus críticas, y además también tú eres humano y, por consiguiente, débil. Habla bien de los demás y procura ocultar o disimular, hasta donde la rectitud y la dignidad lo permitan, los errores y defectos de los otros. No eches en cara a los demás sus debilidades, porque eso, además de producir escándalo, hará que te menosprecien las personas verdaderamente valiosas.
5. No te impliques en conversaciones e intrigas secretas.- En estas intrigas se planea normalmente el mal, el daño y el perjuicio para otros. Eso es propio de los espiritus oscuros, resentidos, belicosos y hostiles. Es preciso que tus actitudes sean transparentes y que tu espíritu no se deje infectar con comportamientos repugnantes.
6. Que tu boca no sea portadora de intrigas y engaños.- Esto tiene su origen por lo general en la envidia, en interpretaciones y suposiciones gestadas por espíritus cortos e irresponsables. Un engaño puede echar por tierra una amistad, enterrar una institución, manchar un buen nombre, desmoronar una vida levantada con sacrificios. El mejor modo de no meterse en vidas ajenas es no hablar nunca de los demás.
7. Concéntrate en tu trabajo o ocupación.- Sin estar investigando ni molestándote en ver si los demás realizan bien el suyo o no. Gasta tus energías en el trabajo que tú tienes que hacer y no en asuntos ajenos a tu tarea.
8. Sé perfecto y profesional en tu trabajo.- Deja la falta de habilidad a los incompetentes, la imperfección a los que no están preparados, y la vulgaridad a los perezosos. Hacer poco pero bien vale mucho más que la acumulación de cosas o trabajos desordenados. Pon toda tu ciencia, tu cuidado y dedicación, tu concentración, tu habilidad y tu sentido artístico en todo cuanto realices. Plantéatelo como un reto que tienes con la perfección: lo que haces es para ti, y tú —se supone— te mereces lo mejor.
9. Sé sincero.- No mientas nunca. Cuando nuestras acciones son claras y rectas, la mentira no tiene sentido. Se miente para disfrazar algo que no está bien, por ingenua presunción o por compasión. Esta última es preferible a las otras dos, pero casi nunca es necesaria.

Quien observe o, al menos, procure aproximarse lo más posible a la observacncia de estas sencillas normas, vivirá feliz, sin sobresaltos, sin miedos y sin inseguridad. Pero, además, conquistará la estima, el respeto y la admiración de sus semejantes.

@ 2001 Buzón Católico