¿Por qué cuesta tanto perdonarse a sí mismo? ¿Cómo podemos superar esta situación? ¿Por qué perdonamos con una cierta facilidad a los demás y en cambio a nosotros mismos nos cuesta tanto?

Muchas veces hacemos mal a alguien o con alguien y de ahí surge ese sentimiento de culpa que tenemos. Cuando tomamos conciencia de haber faltado, hiriendo a otro. Después de haber hecho un mal a otra persona yo ya no soy el de antes. Ya no soy, sin más una persona corriente. Soy alguien que ha cometido un mal que otros no han cometido. Cuando sucede esto aparece la conciencia de culpa. Muchas veces los recuerdos nos traen una y otra vez el mal cometido.

Hay tres niveles en la aparición de la culpa:

1. La persona no se da cuenta que ha sido culpable de lo que ha pasado.
2. Se da cuenta que algo malo ha ocurrido y se da cuenta que lo ha hecho él.
3. La persona asume que es culpable de lo que ha pasado.

Cuando comienza la autoacusación poco a poco aparece el remordimiento, la vergüenza, que le puede llevar a pensar que no sólo ha hecho mal, sino que es malo. En estas ocasiones siempre hay dos víctimas: la persona agredida y la agresora. Al hacer mal a otra persona, me he perjudicado a mí mismo.

La persona con el paso del tiempo puede llegar a obsesionarse y llegar a un desenlace patológico. Deseo cambiar lo que ya no se puede cambiar y por ello enfermo interiormente.
¿Cómo podemos solucionar esta situación?

Cuando una persona llega a la autoacusación se produce que la conciencia de culpa se encierre en sí misma. Tenemos que hablar con personas que nos pueden entender. Puede ser que aún no hayas pedido disculpas a la otra persona, pero estoy empezando a decir delante de otros que reconozco haberla ofendido. Estoy empezando a salir, mediante la palabra, del atolladero cerrado de la culpa.

Puedo pedir perdón a quien ofendí, pero ¿me perdonará? No lo sé. Al excusarme, me arriesgo. Pongo mi libertad en manos de la persona a quien pido perdón. Tenemos que ser capaces de mirar cara a cara lo malo pasado sin desfigurarlo, pero sin que nos produzca náuseas, desánimo o desesperación.
¿Qué hago si la otra persona no me perdona?

Cuando esto sucede sólo nos queda perdonarnos a nosotros mismos. Tengo que aprender a reconocer mi error y aceptarme como soy, a pesar de lo que soy y como soy. Tenemos que tener compasión de nosotros mismos. Tenemos que aprender a reconciliarnos con nosotros mismos.

Tenemos que aprender a dejarnos querer.

La culpa tiene también una dimensión religiosa. Tenemos que aprender que Dios entre también en nuestra situación de culpa para sanarla. Sólo desde Dios es posible recordar el mal pasado, sin que sea triste el recuerdo; sólo desde Dios es posible afrontar el mal presente, sin que desaparezca el buen humor; sólo desde Dios es posible prever la amenaza del mal futuro, sin que el miedo nos deje bloqueados.