1.- La Oración de la Serenidad:

Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia; viviendo un día a la vez, disfrutando un momento a la vez; aceptando las adversidades como un camino hacia la paz; pidiendo, como lo hizo Dios, en este mundo pecador tal y como es, y no como me gustaría que fuera; creyendo que Tú harás que todas las cosas estén bien si yo me entrego a Tu voluntad; de modo que pueda ser razonablemente feliz en esta vida e increíblemente feliz contigo en la siguiente. Amén.
2.- Las pequeñas Bienaventuranzas:

Felices los que se ríen de sí mismos, porque nunca acabará su diversión.

Felices los que no confunden un grano de arena con una montaña, pues se ahorrarán muchas preocupaciones.

Felices los que saben descansar sin buscar excusas, porque están en el camino de la sabiduría.

Felices los que no se toman muy en serio, porque serán más estimados por los demás.

Felices serán si toman en serio las cosas pequeñas y afrontan con calma las grandes: llegarán muy lejos en la vida.

Felices sin aprecian una sonrisa y olvidan un mal gesto, pues caminarán por la vertiente feliz de la vida.

Felices si son comprensivos con los malos gestos de los demás; les tendrán por tontos, pero ése es el precio de la caridad.

Felices los que piensan antes de obrar y oran antes de pensar, porque evitarán muchos errores.

Felices si reprimen su lengua y saben sonreír, aunque les contradigan y les molesten; porque el Evangelio ha prendido en tu corazón.

Y, sobre todo, felices, si reconocen, en todos, al Señor; porque la luz de la verdad brilla en sus vidas y han hallado la verdadera sabiduría.
3.- Palabras de Sabiduría:

Si puedo hacer, hoy, alguna cosa, si puedo realizar algún servicio,
si puedo decir algo bien dicho, dime cómo hacerlo, Señor.

Si puedo arreglar un fallo humano, si puedo dar fuerzas a mi prójimo,
si puedo arreglarlo con mi canto, dime cómo hacerlo, Señor.

Si puedo ayudar a un desgraciado, si puedo aliviar alguna carga,
si puedo irradiar más alegría, dime cómo hacerlo, Señor.
4.- ¿Cuándo tengo amor de verdad?

Podré decir que tengo amor, si, cuando le pido algo a Dios y Dios no me lo concede, sigo amándole todavía más. O, si cuando Dios me da lo contrario de lo que pido, le sigo amando el doble que antes.