Diariamente tengo que tratar problemas de muchas personas, implicándome pero intentando estar a una prudencial distancia para que el dolor no me destruya , no me acobarde o no me sumerja en una fuerte depresión.

En todos los casos de infelicidad humana sean del tipo que sea, me he encontrado una constante: la falta de amor. Lo que de verdad he aprendido es que el desamor, el amor desenfocado, el amor cuando se vuelve cárcel para las personas, irremediablemente nos lleva a la infelicidad.

Todo lo que hemos creado los seres humanos a lo largo de los siglos, ha sido para ser más felices, pero no siempre lo hemos conseguido. Lo único que de verdad tenemos en común todos los seres humanos es el amor como anhelo y conquista. Hacia el amor se orienta toda nuestra vida y cuando no lo tenemos nos volvemos más desconfiados y tristes.

Estoy haciendo una cruzada muy particular para que el amor se exprese con las palabras. ¿Se han dado ustedes cuenta las pocas veces que decimos te quiero? De esta manera el expresar el amor se ha proscrito o guardado en las intimidades de nuestra alma. Tanto es así que el amor al no decirse, se queda como olvidado, como algo pasado o presente sólo en las novelas de amor...

Te propongo que al amor ocupe un lugar importante en nuestro lenguaje.

No es suficiente decir aquello de ella sabe que yo le quiero... mis hijos saben que yo les quiero aunque no se los diga nunca...

Es muy triste el ver como convivimos sin decirnos lo que nos queremos. En cambio, nuestros odios, mentiras y orgullos los exteriorizamos sin ningún problema, sin ninguna dificultad ni corte.

Ya va siendo hora que digamos lo que sentimos, sin miedos, sin vergüenzas, sin doble lenguaje. Va siendo hora que el amor asome a nuestros labios como un gesto, una caricia o una palabra, pero que salga desde lo más profundo de lo que somos, sólo así hablará de verdad nuestro corazón.

Te quiero.

(Mario Santana Bueno)