Debido a que soy católico creo, por supuesto, que mi Iglesia me garantiza la más elevada libertad espiritual. No sería católico si no creyera esto. No sería católico si la Iglesia fuese meramente una organización, una institución colectiva con reglas y leyes que demandaran conformidad exterior a sus miembros.

Veo las leyes de la Iglesia y todas las diversas maneras en que ella ejerce su autoridad educativa y su jurisdicción, como subordinadas al Espíritu Santo y a la ley del amor. Sé que mi Iglesia no da la impresión de ser así a aquellos que están fuera de ella; para ellos la Iglesia actúa según un principio de autoridad y no de libertad. Están equivocados. Es en Cristo y en su Espíritu que se encuentra la verdadera libertad, y la Iglesia es su cuerpo vivificado por su Espíritu.”

(Thomas Merton)