Amarte a ti no significa dejar de amarme a mí mismo. Por el contrario, la idea de que no puedo amarte a menos que me ame a mí mismo está aceptada universalmente por los psicólogos.

Quienes no se aman a sí mismos están tristes, atormentados por una constante sensación de vacío que están siempre tratando de llenar. Como una persona con un terrible dolor de muelas, sólo pueden pensar en sí mismos, y están constantemente buscando un dentista, alguien que le haga sentirse mejor. Si no me amo a mí mismo, sólo puedo utilizar a los demás; no puedo amarlos.

Mi amor hacia ti no puede significar nunca una abdicación de mi propio yo. Posiblemente podría dar mi vida por ti por amor, pero nunca podría negar mi identidad como persona.

Intentaré ser lo que tú necesitas que yo sea, hacer lo que tú necesitas que se haga y decir lo que tú necesitas escuchar. Al mismo tiempo, estoy comprometido en una relación sincera y abierta. Como parte de mi don de amor, siempre ofreceré mis pensamientos, preferencias y todos mis sentimientos, aun cuando piense que pueden ser desagradables o incluso herir tus sentimientos. Si estamos comprometidos con total sinceridad y apertura, nuestra relación nunca será difícil ni estará marcada por proyectos ocultos, rencores reprimidos o emociones desplazadas; no nos comportaremos como adolescentes que no tienen valor para hablar claro. A menos que acordemos respetar la sinceridad y la apertura, nunca estaremos seguros el uno del otro, y nuestra relación parecerá más una farsa que una imagen de la vida real.

Jonh Powell, «Las estaciones del corazón.»