EL TERCER DEBATE: Para Paco Martel

No sé si te acuerdas, Paco, de aquello que cantaban Los Coquillos: que si José Carlos Mauricio está ciego y que otros políticos tampoco veían y cosas así. Sería por eso, tal vez, que no me senté a ver el primer cara a cara de los dos “grandes” de la política porque elegí estar con unos amigos a tele apagada, como prefiero casi siempre. Y tú tampoco lo viste porque no creo que en la selva de Brasil, en donde continúas trabajando, fuera posible verlo ni te interesara demasiado la discusión, más de lo mismo, de lo que ya todos sabemos. Va a haber un segundo debate y tú seguirás en tu selva y yo con mis amigos. Pero no porque nos despreocupe la política ni las elecciones, que vaya si nos interesa, como es deber de todo buen ciudadano, aunque uno a veces sólo lo sea a medias.

Lo que sí me interesa, realmente, es el tercer debate. Ese que no se televisa pero que se ve y que se escucha en la calle, que comentamos los compañeros y los amigos, que te hace discutir, apoyar o contradecir lo que mil veces han dicho Rajoy, Zapatero, Carmelo Ramírez o los obispos.

El tercer debate no se ciñe a la actualidad política o mediática del momento. Me interesa hablar y escuchar, por ejemplo, del voluntariado. Porque me sigue entusiasmando la gente que, como tú, abandona de pronto su casa y sus cosas y se marcha allá en donde le reclaman para un servicio humanitario. O la gente que tengo más cerca de mí, llámala Pepe González o Sisa o Lourdes que dedican muchas horas en un trabajo discreto, gratuito y humilde a favor de los demás.

El tercer debate surge sin palabras cuando se pone corazón. Sobran las palabras para uno expresar su alegría por los jóvenes estudiosos, trabajadores, solidarios que los hay, hay muchos, y los conozco y los apoyo y los animo. Y hay debate, el tercero y el cuarto y el decimoquinto, sin necesidad de palabras, para manifestar el desacuerdo con las situaciones de injusticia; de gente inmigrante que ha venido sorteando miles de problemas para poder mandar un poco de dinero a los suyos; o de familias como la de Guía que busca comida en el vertedero (¿qué políticos ciegos no la habían visto?). El tercer debate se llama ver.

Precisamente este domingo, los que vamos a misa escucharemos un evangelio que nos cuenta que Jesús vio a un ciego de nacimiento y lo curó. Pero muchos judíos protestaron porque, vaya qué pena, estaba muy bien que lo curara pero no precisamente un sábado, que era el día que había que respetar. Siempre hay guardianes de la ley por encima de las personas. Y al pobre hombre que había sido ciego lo expulsaron del templo. Hay mucha gente con ojos aparentemente abierto y no ven a cuatro montados en un burro Hay ciegos muy ciegos en la política y también en la Iglesia, no se vayan a creer. Yo me quedo con lo que decía El Principito: Lo esencial es invisible a los ojos. Sólo se ve bien con el corazón. Por eso , amigo Paco, a ti también te he elegido para el Tercer Debate. Lo veremos. Con el corazón.

©2008 Jesús Vega Mesa