LA OTRA SEMANA SANTA

Dicen que la procesión va por dentro. No siempre. A veces va por fuera.

¿Ustedes a qué procesión van a ir estos días? ¿A las de la catedral? ¿A las del cine para ver la película de moda?, ¿A las de las playas del sur? ¿O a ninguna porque la llevan por dentro y es suficiente?

En semana santa no va a faltar ningún tipo de procesión. Ayer estuve en la isla de Lanzarote y el aeropuerto estaba a reventar. Grandes colas para las guaguas, para los taxis, para los aviones... Son las procesiones de los que buscan unos días de descanso fuera de su lugar habitual. Semana santa y vacaciones, afortunadamente, no siempre están reñidas. Una semana santa con acampadas o en playas no es necesariamente menos santa.

Como no todos pensamos igual, ni todos tenemos la misma forma de vida, ni la misma sensibilidad religiosa, lo primero es acepar al otro. Recuerdo a Guaye, una chica de Fuerteventura que me contaba un día, entusiasmada, su experiencia de semana santa: ¡Qué bien lo pasé y qué cerca de Jesús me encontré!: el bañador, la toalla y el evangelio cada mañana. Y por la tarde, la tertulia, los amigos, la oración y, la noche del sábado, la liturgia que me supo a gloria. ¡¡Como debe ser!! ¡A gloria!

Cuayedra lo supo compaginar todo. Como ella, también otras personas viven así su fe. Otros se decantan solo por la fórmula religiosa: misa, procesiones, hora santa, vía crucis.... Y otros muchos optan por el camino de la playa, del descanso, leer y ninguna relación con lo religioso. Nada de esto es malo. Cada uno opta por lo que considera más adecuado, lo que más necesita, lo que más le llena y hace feliz. Al fin y al cabo, la Semana Santa es santa no sólo porque en ella haya actos religiosos. Buena semana santa la de los que van a estar haciendo servicios de urgencia en hospitales, Cruz Roja, Protección Civil... Buena semana santa la de los que tienen que ganarse el pan con el sudor de su frente atendiendo restaurantes, hoteles y otros establecimientos.

Lógicamente, para los cristianos que deseamos ser consecuentes con nuestra fe y sabemos la necesidad de la oración, la reflexión la eucaristía... no tendría sentido prescindir de ninguno de estos aspectos. Pero a los que no han descubierto esa inmensa felicidad de una Pascua, de compartir, de experimentar la fraternidad cristiana, tampoco hay que entullirlos con actos religiosos. Las sobredosis son siempre malas. Aunque sea de cosas buenas. La pastilla que te quita el dolor de cabeza, si la tomas en exceso te quita... la vida.

Si logramos que en esta semana santa no falte ningún ingrediente (respeto, espiritualidad, reflexión, amor, diálogo, oración...) no importará en dónde la pasemos. Podremos acabar la semana más o menos bronceados por fuera. Lo que importa es que por dentro haya luz, haya vida.

Así que ahora, apúntate a la procesión que mejor vaya contigo. La procesión de la Dolorosa, la del Silencio, la de la playa, la del trabajo, la de la vida. Al fin y al cabo, lo que importa es lo de dentro. Porque la procesión, como la espiritualidad, va por dentro.

©2003 Jesús Vega Mesa