SANTOS CANARIOS

Anoche estuve hablando con la hermana de un santo. Bueno, de un casi santo, según como se mire. Tomás Morales fue un dominico nacido en Carrizal de Ingenio que murió asesinado en Almería hace unos 70 años. Y ayer, que era la fiesta de Todos los santos, cené con la hermana de aquel joven sacerdote que tal vez en uno o dos años según la opinión autorizada del historiador y sacerdote Julio Sánchez, estará ya en los altares. Muchas veces he dado mi opinión sobre la escasez de canarios canonizados. Y estoy segurísimo, super seguro, como se dice ahora, de que no los hay, no porque no haya habido hombres y mujeres con suficientes méritos para ello. Si acaso, tal vez, porque los que se han encargado del proceso de canonización se han quedado dormidos o porque llevar a cabo la causa exige dinero y nuestros santos canarios siendo pacientes, alegres y generosos han sido muy ricos en santidad pero muy pobres en bienes materiales. No olvidemos que, según un estudio de hace unos años, el 78 por ciento de los santos procedía de una clase alta o de una congregación religiosa con bastante poder adquisitivo.

Por eso mismo, tampoco me preocupa demasiado que no haya más canarios canonizados que el Hermano Pedro, todo un ejemplo de pobreza, sencillez y servicialidad allá en Guatemala. Sí me preocuparía que Canarias fuera un terreno infértil de hombres y mujeres buenos, evangélicos, solidarios, sencillos. Pero creo que, gracias a Dios, eso no nos falta. Si llegar a santo supone un proceso largo y costoso, mejor es dejar las cosas como están. Y alegrarnos de poder contar con santos no reconocidos (es decir no canonizados) sencillos y pobres, pero que, con su vida, nos enseñan a ser cristianos. Hay mucho que aprender de ellos. Personas que lucharon por la justicia como Pildain, que creyeron en la oración como Anita Artiles, que aceptaron el martirio como Fray Tomás o que expresaron o expresan con su vida que están en el camino de la santidad siendo pacientes, alegres y generosos.

Cuando ayer hablaba con la hermana de Fray Tomás pensaba en la cantidad de buena gente que vive entre nosotros y que están en “proceso de santidad”. No han sido martirizadas ni han hecho ninguna heroicidad, pero están viviendo con generosidad su fe, su papel de padres, de buenos vecinos, trabajadores honrados, respetuosos con todas las personas. Santos maestros, santos trabajadores de la limpieza, santos presidentes de asociaciones y ONG. En proceso de santidad veo a los que no están ya con nosotros, aunque nadie haya gastado nada en abrir oficialmente el proceso y a los que, como Antoñita o Celina, o usted o yo, intentamos vivir nuestra vocación. Seguramente ayer, al celebrar el día de Todo los santos, algunos quedaron olvidados. Yo los reivindico para que no se celebre más el día de casi todo los santos, sino, de verdad, el de todos.

©2007 Jesús Vega Mesa