NO TE ENFADES QUE TE PONES MÁS FEO

Dicen que es saludable reír, pero algunos están empeñados en que aquí nadie se tienen ni que sonreír. Hace tiempo que huyo de los discursos políticos, del signo que sea. Y no me refiero a los discursos de los políticos, sino a los todos los que discuten acaloradamente de temas en los que entra por medio la política de partidos. Aquí meto a algunos comentaristas de radio articulistas de periódicos y tertulianos. Están tan a la gresca que si el otro ha dicho blanco, para ellos siempre será negro. Porque su tarea es, simplemente, llevar la contraria. Siempre andan enfadados. Y me parece triste que muchos en este país estén así, aplaudiendo a uno porque es de derechas o a otro porque es el de la izquierda. Y, de paso, haciendo crecer el malhumor, que es de las enfermedades más malas que conozco.

Pero llegaron los carnavales. Y uno pensaba que, bueno, ahora sí que va uno a reírse. Y resulta que tampoco. Las murgas, la mayoría, cantan sin gracia, critican sin pizca de humor, insultan y, encima, logran enfadar a otros.

Enfadarse es malo siempre. Es de lo más absurdo que hay, y conste que también yo me enfado, no vayan ustedes a creerse. La sabiduría popular lo tiene muy claro: el que se enfada, se dice, tiene doble trabajo: enfadarse y desenfadarse. Aunque es verdad que hay muchos que se quedan sólo con el primero de los trabajos: enfadarse. ¿Habrá cosa más fea que una persona insultando a otra? Tengo un amigo a quien admiro porque no hay nada que logre enfadarlo. Al menos, no lo demuestra. Le dicen a veces barbaridades y él, simplemente sonríe expresando con su media sonrisa que no está de acuerdo, pero sin levantar la voz ni mucho menos meterse con el otro. Eso debe ser un arte que hay que aprender.

Le escuché una vez a un compañero que se había propuesto no enfadarse nunca con nadie y que ya había hecho bastantes adelantos en su intento. A un cura, como a cualquier persona que trabaje de cara a los demás como maestros, médicos, dependientes de comercios, etc. se le ofrecen cada día muchas ocasiones para manifestar su enfado. Y a veces, la verdad, se dan espectáculos vergonzosos. Un catequista encolerizado con sus niños o un maestro lleno de ira por la conducta de un joven puede tener explicación, pero no tiene lógica. Y que los principales líderes políticos estén siempre enfadados no es, desde luego, un buen ejemplo.

Cuando uno era niño escuchaba muchas veces:
-No te enfades que te pone más feo.
Pues, si encima de que te pones más feo, pierdes la salud, no consigues nada, tienes doble trabajo y eres un mal ejemplo, me quedo con lo de mi compañero cura: vale la pena no enfadarse nunca.

Escribo hoy que se celebra el día de la Virgen de Candelaria. Recordamos a María ofreciendo unos pichones en el templo. Vaya si le costaría sacrificio por la pobreza en que vivía. La imagen que se venera en Ingenio (Gran Canaria) presenta, sin embargo, una tenue sonrisa. Pues así., sonriendo, me gustaría ofrecer el mismo deseo de mi compañero cura: De enfados, nada. A ver si los de abajo damos ejemplo a los grandes que andan siempre buscando molestar al otro o a los murgueros que parece ya han perdido la gracia.

Mientras tanto, riamos, sonriamos. Ganemos salud, ganemos paz y si, hasta nos ponemos más guapos, mejor que mejor. J

©2007. Jesús Vega Mesa