EL JUEZ EMOCIONADO

Esta semana, ya era hora, los periódicos nos han contado noticias con humanidad. En Barcelona un inmigrante de Bolivia perdió la vida después de salvar a cinco cocineras de un restaurante que se había incendiado. Conmovedor, ¿verdad? Y para emoción, la del Juez de la Audiencia Nacional que no pudo contener sus sentimientos al dirigirse a una de las víctimas del 11-M en Madrid y, atragantado, apenas pudo acabar sus palabras.

Cuando una persona se emociona es que se está tocando la fibra más delicada y más humana. Y, gracias a Dios, son todavía muchos los hombres y mujeres que tienen corazón para sorprenderse, para llorar, para compadecerse. El otro paso, el de la acción, el del compromiso, se cae por su propio peso. Pero antes está la emoción.

Hace unos días, tuve un diálogo con el misionero canario Paco Martel. Junto a él seis niños a los que habíamos invitado a Radio Tamaraceite que, por cierto, cumple nueve años de andadura esta próxima semana. Paco Martel habló de la cruda situación de los niños en una zona indígena de Brasil y yo vi. que, mientras hablaba, a uno de los niños presentes, José Andrés, se le escapaba una lágrima que él disimuló. Y después lo manifestó emocionado el chiquillo con apenas once años:

-Si no hubiera estado en la radio me echo a llorar.

Hay mucho por lo que llorar y por lo que emocionarse en este mundo. Lo bueno es que hay muchas personas que se dejan llevar por esos buenos sentimientos de los que no sé por qué a veces nos avergonzamos.

Manos Unidas está en la campaña que cada año intenta tocar nuestro corazón para que seamos sensibles a las grandes diferencias que hay entre las personas, porque unos vivimos en el norte, en la riqueza, y otros en el sur del hambre y la enfermedad y la miseria. NORTE-SUR, dice este año Manos Unidas, UN FUTURO COMÚN. La campaña quiere tocar la fibra más emotiva de cada persona contándonos esas realidades que esta ONG está intentando cambiar allá en donde las moscas se meten en la comida, en donde los niños trabajan 12 horas cada día, donde el agua que se bebe está contaminada; donde unos pocos explotan a la mayoría. Y Manos Unidas no persigue una lágrima. Persigue que, después de conmovernos, digamos. ¿Qué puedo hacer? Ahí están los proyectos. Muchos corazones de carne, sensibles; muchas manos unidas para conseguir que este mundo cambie. Y para que cambie el Sur, para que cambien los países empobrecidos, tiene que cambiar este norte.

Un juez que se emociona en la Audiencia Nacional, un inmigrante, tal vez no demasiado bien tratado, que arriesga y pierde su vida por salvar a unas personas desconocidas. Un niño que no resiste las lágrimas al saber la situación de otros niños.

Emoción, corazón, amor, compromiso. Manos Unidas.

Va a empezar la cuaresma: No hagas problema de las menudencias: Es que era viernes, me olvidé y comí carne& a ver si he pecado. No te detengas en esas minucias. Este es el ayuno que yo quiero, dice el Señor: parte tu pan con el hambriento& Emociónate, conmuévete, pon en marcha tu corazón y pregunta también, por ejemplo a Manos Unidas. ¿Y yo que puedo hacer?

©2004. Jesús Vega Mesa