EL HOMBRE DEL ALMANAQUE

¿Han pensado ustedes alguna vez qué persona es la encargada de hacer los almanaques por los que nos guiamos cada año para hacer fiesta, ir a trabajar o hacer puente? A mí, la verdad, no se me había ocurrido nunca. Pero se le ocurrió a mi monaguillo.

Los monaguillos siempre han tenido fama de pillos y traviesos. Y Andrés, del que les voy a hablar, no sé si tendrá fama pero sí provecho porque lo es. Es un chiquillo simpático, divertido, alegre y desinquieto . Aparece y desaparece como por encanto. Dice espontáneamente las cosas más peregrinas& y las más llenas de de sabiduría. Pero no quiero hablarles hoy de sus travesuras. De sus travesuras se podría estar hablando y escribiendo mucho tiempo. Pero como no hay ningún niño malo, eso al menos leí una vez y creo que es cierto, detrás de cada espontaneidad de Andrés se esconde un poso de sabiduría.

El otro día vino a decirme que lo felicitara porque su santo y, sobre todo, porque terminaba el mes más pesado que hay, que según él es el mes de noviembre. Porque ahora, en diciembre, me decía, viene lo bueno. Diciembre es el mes bonito. Y no crean que este monaguillo se encandila con las luces de las calles, ni con los regalos que recibe, que es bastante más profundo de lo que parece. Lo bonito del mes es por otras cosas.

-Fíjese, me decía. Ahora, en diciembre, la gente piensa mejor de los demás y se pelea menos. Hasta mis tíos, que nunca vienen a mi casa ya dijeron que nos van a visitar. Y en el colegio han puesto una cesta para recoger comida y darla a las familias que lo necesita y la gente habla contigo y te sonríe, no como en los otros meses.

A mí me gustaría ser, insiste Andrés, la persona que hace los almanaques. Entonces le pondría más días al mes de diciembre y le quitaría a los otros meses que la gente vive más triste y se comporta con más egoísmo.

Y me lo dijo tan serio y convencido que no quise contradecirlo.

Y es que, a pesar de todas esas cosas que empañan estas fechas cercanas a la Navidad, hay tantas buenas que sería injusto no reconocerlas. Es cierto lo que dice mi monaguillo: hay una mayor sensibilidad y mucha gente comparte y ayuda. Si se está atento a esas noticias que nos cuentan los medios de comunicación, se entera uno de que en la plaza de un pueblo (en esta de Tamaraceite, por ejemplo), por ejemplo, se hace un mercadillo de comercio justo y solidario, de que casi todas las parroquias celebran una jornada para compartir con los más necesitados, que mucha gente se visita, que muchos se reencuentran después de un tiempo distanciado, que se hacen campañas a favor de los más desfavorecidos& O que ahora, en este tiempo de adviento que estamos casi comenzando son muchos los que comparten oración y esperanza. Oración y esperanza en el mundo y en la gente y en Dios, que no es poco.

Sería una pena desaprovechar este tiempo y quedarnos solo con la crítica al consumismo y lo negativo que acompaña al mes de diciembre. Me gusta más la frescura sencilla de Andrés mi monaguillo. Hay que poner más días al mes de diciembre, o aprovechar al máximo estos días para animarnos a ser solidarios y compartir y estar alegres. A lo mejor no puede uno, como piensa Andrés, arreglar el almanaque y poner más días a este mes. Pero sí que es posible arreglarnos nosotros y seguir poniendo todos estos valores en los demás meses del año.

La ingenuidad de mi travieso monaguillo me hace vivir con esperanza este Adviento que estamos empezando. Tengo la impresión de que vamos a vivir un hermoso mes de diciembre. Y con un poquito de suerte, a lo mejor hasta va a ser posible arreglar el almanaque para que todo el año podamos seguir gustando un ambiente de amistad, de alegría y de preocupación por los otros. Por lo pronto, ya me he puesto de acuerdo con Andrés, mi monaguillo, para que el mes que viene seamos tan amables y agradecidos como en este de diciembre. A lo mejor, así, poquito a poco, logramos hacer realidad la idea de Andrés y llenamos todos los días del año del buen ambiente que ahora se respira. Esta es nuestra esperanza y nuestro Adviento. Nuestro deseo para todos ustedes.

©2004. Jesús Vega Mesa