FOTOS PARA COMENZAR EL CURSO

Ya se terminaron las vacaciones, ya hemos empezado el nuevo curso, ya nos hemos puesto todos el “uniforme” y nuestra vida se ha puesto en orden: levantarnos más temprano, comer más rapidito, trabajar sin más remedio, participar en la misa del sábado, verte con los amigos pero sin pasarte de la hora... Eso, todos uniformados en horarios, comidas y costumbres, porque acabaron las vacaciones.

Acabaron las vacaciones pero con esto de las cámaras digitales que se hacen cientos y miles de fotografías sin tener que comprar carretes, y con esto de que en el verano somos muchos los que cogemos el avión y nos vamos a otra parte del mundo con la cámara bajo el brazo, hay quienes tienen la tentación de continuarlas, contando al amigo su viajito y enseñándole las mil fotografías que hizo, que total, dice, se ven en veinte minutos. Y uno, por no hacer el feo a los amigos mira amargado una y otra foto y hasta a veces, para no hacer desprecio aunque no le interesa lo más mínimo, pregunta ¿y cómo se llamaba esta plaza tan bonita de Estrasburgo?

Lo peor de las bodas, por ejemplo, ya no es la homilía del cura, que total son ocho minutos. Lo peor ahora es que, cuando vas al banquete, te obligan a ver las fotos de toda la vida del muchacho y de la muchacha. Y lo malo es que, si vas a visitarles en su nueva casa, te exigen también ver el vídeo de la boda y las cuatrocientas fotos de la celebración.

¿Y a qué viene, están pensando ustedes, que yo les diga todo esto? Bueno, pues la verdad no viene a cuento de nada, pero tenía ganas de decirlo a ver si alguien se da por aludido y enseña las fotos y el vídeo solamente a quien se lo pida. Pero también es que, perdonen, yo quería enseñarles dos fotos, sólo dos, de mis vacaciones. Van ustedes con suerte porque, como es a través de la radio, pueden darse el lujo incluso de mirar para otro lado.

En esta foto que no están viendo pero que pueden imaginar, hay cuatro jóvenes canarios jugando con unos niños indígenas de una aldea de Guatemala al lado del río Quehueche. Miren qué alegría, qué felicidad la de estos niños, descalzos y llenos de sonrisa. Los jóvenes que animan los juegos fueron a pasar allí sus vacaciones... Vacaciones de trabajo, de cooperación, de ayuda, de privaciones. Y me hizo pensar que no es una foto para poner en un marco sino para enseñar y para animar a que todos hagamos cosas así, en Guatemala y en el pueblo o barrio donde vivimos. Que vale la pena compartir tiempo, fuerzas, ánimos con quien necesita ayuda, ánimo o ilusiones.

La otra foto es también de jóvenes, de adolescentes, fíjense qué sonrisas, qué alegría en sus rostros. Son también canarios, más de veinte. Están caminando con mochilas a sus espaldas. En el verano se fueron a hacer el camino de Santiago, sudaron un montón, durmieron en el suelo, caminaron hasta más de 30 kilómetros por día... y sin embargo se sonríen y no sólo para la foto. A mí esta foto me dice que este nuevo curso en la escuela y en la parroquia, puede ser más duro, más cansado que el Camino de Santiago. Pero, como estos chiquillos, me gustaría mantener la sonrisa y la alegría durante todo el camino y más. Durante todo el curso y más. Por eso quiero que, si comienza el curso y nos ponemos el uniforme de trabajo, que no nos olvidemos que algo normal, ordinario, debe ser la actitud de servicio, la alegría y el buen humor. Si es así tendremos muy buenas notas al final de curso, podremos volver a disfrutar de vacaciones y podremos enseñar con orgullo aunque sólo sea un par de fotos para no cansar a nuestros amigos. Espero compartir con ustedes, a lo largo de este nuevo curso, otros momentos y otras inquietudes de la gente que, como ustedes o yo, andamos metidos en la Iglesia y que queremos que, como el programa de esta emisora, sea cada vez más Iglesia Viva”, Iglesia Servidora, Iglesia alegre y sonriente. Buenas tardes.

©2006 Jesús Vega Mesa