EL ENEMIGO, EN CASA, EL AMIGO TAMBIÉN

Noticias terribles de amenazas y muertes aparecen cada día en la radio y la televisión. Ya no son las muertes en una guerra entre enemigos. La guerra ha llegado a la casa. El año 2003, sesenta y ocho mujeres murieron a manos de la persona a la que habían prometido amor eterno. 16 más que el año anterior. Y por los datos que van a apareciendo, este año, qué desgracia, no va a ser mejor: Hombres que matan a sus esposas, hijos que asesinan a sus padres, padres que matan a sus hijos... Y no es sólo la muerte.

Porque no se mata a la esposa o al hijo en un simple arrebato tras una discusión. Se empieza a matar mucho antes, cuando se dicen palabras ofensivas y fuertes, cuando se zarandea, cuando se levanta la mano, cuando se amenaza. Estas muertes que lamentamos ya en cualquier lugar del mundo son fruto de una educación, de una mal educación. El enemigo, en casa.

Hace unos días escuchaba una tertulia sobre el tema de la paz en una emisora de radio. Todos los que estaban hablaban sin parar y todos, al parecer, tenían la solución para los conflictos de Irak y de Colombia y de Palestina. Hablaban y apenas se escuchaban. Lo más curioso es que, ya casi al final del debate, alguno sacó toda su agresividad y se dirigió a un contertulio con palabras hirientes, que ofendían. Simplemente, porque no compartía su misma idea. O sea que, más que un debate por la paz se convirtió en un debate... para la guerra. Entonces recordé las palabras de Gandhi: No hay camino para la paz; la paz es el camino. No es lo más importante buscar las soluciones para los conflictos; hay que buscar soluciones para que no empiecen los conflictos. Hay que hacer el camino para la paz. Porque las guerras y las violencias empiezan desde el momento en el que somos incapaces de aceptar al otro.

Una palabra agria, insultante, al amigo, a la esposa, al hijo, es la primera chispa de un conflicto que puede acabar en tragedia. La guerra, la violencia de género, o el terrorismo que destruye la convivencia no empezaron por casualidad. La primera chispa se llamó falta de respeto o intolerancia. Hay que evitar esa primera chispa, saber escuchar, saber comprender, saber hablar, saber respetar, saber callar.

La palabra es casi siempre el camino que conduce al amor y a la amistad. Pero también la palabra suele ser el camino que lleva a la violencia. Uno no debe permitirse nunca una palabra que haga daño. Si me permito una palabra que ofende y molesta, estoy poniendo la pólvora que ,sabe Dios , puede explotar en cualquier momento. Para conseguir la paz no hay otro camino que la paz.

Afortunadamente, hay muchos gestos que lo confirman: este fin de semana, mucha gente conectará con Manos Unidas y otras organizaciones que trabajan por la paz; en las parroquias y otros colectivos nacen ideas que sirven para estrechar lazos, como la emisora parroquial Radio Tamaraceite, que estos días cumple 8 años. Cada día miles de padres y madres son conscientes de que sólo se educa para la paz desde el respeto y la comprensión. De muchos hogares puede decirse que "el enemigo está en casa". Pero son muchas las personas que están colaborando a que también esté el amigo. El amigo está en casa. No dejemos que una palabra o un gesto destruya el don más valioso que tenemos en el hogar. No más violencia de ningún tipo. Eduquemos para la paz, con actitudes de paz, con palabras amigas. La paz es el camino.

©2003 Jesús Vega Mesa