CONSUMISMO O SOLIDARIDAD

Ir de compras es un placer, para qué negarlo. Lo es, por lo menos, para una buena parte de nuestra sociedad. Comprar ropa y electrodomésticos y joyas y cosas inútiles encanta a cualquiera. Y eso lo saben muy bien los vendedores que utilizan cualquier argucia para meterse constantemente en nuestros bolsillos y acabar con lo que nos quede: Nos hablan de rebajas o de saldos, o de promociones o Semana del "noséqué"... Todo para que, cada día, encontremos un motivo para "disfrutar" comprando.

Lo malo de todo esto es que el acto de comprar, algo evidentemente necesario, se puede convertir en un vicio incontrolado. Y aquí empieza ese mal que llamamos consumismo: se compra por comprar, se rige uno no por las necesidades reales que tiene sino por lo que se le impone desde fuera por la publicidad, la moda o porque todo el mundo lo compra. Y nos sentimos impulsados a cambiar de móvil, de televisor, de máquina fotográfica o de chaleco, porque ahora lo que "manda" es este modelo o este color.

El placer de comprar, convertido en el vicio de consumir. La alegría de gozar visitando libremente las tiendas y descubriendo la variedad de productos, convertido en una esclavitud que me obliga a vestir como el otro, a usar los últimos modelos en todo y a malgastar el dinero, olvidando que, con mi derroche, estoy perjudicando a los que carecen de lo necesario.

El consumo es necesario. El consumismo es una "enfermedad" tan grave como la ludopatía. Hay que evitar llegar a ella. Y, cuando empiezan los síntomas, hay que atajarla a tiempo.

La Navidad y las celebraciones de los Reyes o Papá Noel se han convertido en una disculpa más para justificar las compras salvajes e innecesarias. Para muchos, la Navidad ha sido un mero intercambio de regalos o un satisfacer el apetito desordenado de gastar. Lo más hermoso que celebramos los cristianos, el Nacimiento de Dios entre nosotros, el gesto más grande de amor, se ha convertido en un estúpido comercio injusto en donde, los que tienen mucho, incitan y provocan a los que tienen poco a gastar y crearse necesidades.

Esta Navidad ya marchó. Cuántos juguetes, ropa, electrodomésticos, móviles y aparatos de lo más diverso son ahora mercancía inútil porque no nos valen. Sólo sirvieron para satisfacer el ansia consumista de quien los compró y ahora permanecen arrinconados en la casa, hasta que, seguramente el año que viene los enviemos al cuarto de los trastos o al contenedor de la basura. Lo peor es que entonces, volveremos a comenzar la historia y volveremos a ilusionarnos con cualquier inutilidad.

No hay más alternativas. Consumismo o solidaridad. Tenemos que elegir ya.

©2003 Jesús Vega Mesa