CLASES DE RELIGIÓN

Jessica es una chiquilla, 15 años, 3º de la ESO y alumna de Religión. Lo de “alumna de religión” no es algo que yo añado sino que es lo que ella dice siempre que puede y la verdad es que puede muchas veces. Jessica está encantada con su clase de religión, con su profe y con sus compañeros. Por eso, cuando en su presencia se discute lo que ahora todos discutimos, si se debe dar clases o no de religión, si debe ser evaluable o no, si debe ser formación religiosa o cultura o catequesis... ella siempre dice más o menos lo mismo:

-Me da lo mismo que me pongan nota o no. Me da lo mismo que me valga o no para una beca. La clases de religión me valen por sí mismas. No para conseguir otras cosas. Me valen porque en la religión no se va sólo aprender sino a animarnos a a ser buenas personas.

Y yo, que estoy de acuerdo con Jessica, es también lo único que defiendo y lo único que me daría pena que se perdiera. Porque hay que dedicar muchas horas a llenar la cabeza de conceptos, de ecuaciones y de inglés; pero la formación no puede quedar limitada a sólo eso: una buena educación tiene que preocuparse de cultivar los valores, hay que cultivar el espíritu.

Buenos matemáticos, sí, y buenos biólogos, y buenos profesionales de cualquier ramo; pero con valores humanos y, si se es cristiano, con valores evangélicos. ¿Dónde se aprende eso? No me digan que en la casa, porque, por desgracia no es muy frecuente que en las familias se predique, ni con la palabra ni con el ejemplo, de que hay que perdonar o de que hay que ser servicial o de que lo más importante en una profesión no es el dinero. Ni la televisión, en donde los niños y jóvenes invierten bastantes horas a la semana, tampoco es, ni mucho menos, una escuela de moral y buenas costumbres...

¿Qué empeño, entonces en poner en solfa las clases de religión cuando a nadie se le obliga a asistir y en donde lo que más se hace es cultivar valores para la vida, para que los médicos, los mecánicos o los albañiles, además de buenos profesionales, sean buenas personas, traten bien al público y sean honrados? Creo que la clase de religión es importante. Pero si me dijeran que se suprime y se va a dar ética, tampoco pondría el grito en el cielo. Porque yo estoy seguro que los profesores de religión dedican la mayor parte de su tiempo no a hablar de la santísima trinidad o de los mandamientos de la ley de Dios, que también es importante, claro, sino a trabajar para que los alumnos vivan en un clima de fraternidad y valoren la paz y la tolerancia y el respeto al otro y todo eso que hace posible la buena convivencia en la sociedad.

Si lo que algunos pretenden con este debate sobre las clases de religión es hacer daño a la Iglesia, creo que están equivocados. A quien realmente se va a hacer daño es a los alumnos, y es a la sociedad. Y al cabo de unos pocos años, notaremos los efectos. La no violencia y el saber escuchar y el espíritu crítico, y el valorar al otro, ¿dónde se va a aprender? Lo raro raro, raro, raro& es que mientras somos tan permisivos en la educación de todo tipo que se imparte en la calle y en los medios de comunicación, la religión y la ética sean tan molestas. ¿Por qué será? Los que pensamos de otro modo, al menos que no nos callemos. Jessica, quince años, no se calla. Yo tampoco. ¿Y usted?

© Mayo 2004. Jesús Vega Mesa