CARAS DE BUENA PERSONA Y BUENA PERSONA

Caras de buena persona y buenas personas Mari Pino es una chica de mi barrio que hace unos días fue a sacar dinero a un cajero y no le robaron. Cuando ya se marchaba, una señora le dijo:
-Por favor, no le importa sacarme dinero con mi tarjeta porque yo no entiendo esto…y veo que usted tiene cara de buena persona. Mari Pino le preguntó la clave secreta y le entregó el dinero. Cuando ya intentaba de nuevo marcharse otro señor mayor se le acerca y le pide lo mismo. Y mi vecina vuelve a repetir la operación con la tarjeta del anciano. Y nadie estafó a nadie. Y ustedes dirán. Bueno, ¿y qué? Yo digo lo mismo. Bueno, ¿y qué tiene que ver todo eso?

Entonces, ¿Por qué será que a lo malo, aunque sea poco, se le da tanta publicidad y no a lo bueno? ¿Por qué será que lo bueno casi nunca es noticia? Me gustaría dirigir una carta a los que seleccionan las noticias y poder decirles que en las aulas hay violencia, pero que también se cultiva la amistad y el respeto. Me gustaría decir a los que se encargan de contar cada mes o cada año las víctimas de violencia doméstica, la cantidad de padres y madres que yo conozco, que todos conocemos, que saben dialogar, repartir afecto y respetar.

Cierto que hay que contar lo malo y hay que llamar la atención a los que rompen las reglas del juego. Pero a todos nos anima cuando se valora lo bueno. Cuando uno se pone a escuchar las noticias y te repiten hasta la saciedad los robos, violaciones, maltratos, crímenes, estafas, atropellos e injusticias que realmente ocurren, empieza uno creerse que somos realmente malos, que ya no hay políticos, ni jóvenes, ni niños, ni curas, ni maestros, ni padres, ni hijos que sean buenos. Y eso sí que no es verdad.

Esta semana andaba yo navegando por los mares de Internet y me encontré con que una fundación dependiente de una entidad de ahorros había convocado un concurso en todas las comunidades españolas para premiar Jóvenes Valores. ¿Pero no dicen por ahí que los jóvenes son violentos y borrachos y gandules y maleducados e insolidarios? Pues resulta que leo los nombres de grupos premiados y aparece que en Andalucía hay un proyecto juvenil que se llama “Tiritas de Sonrisa” y un colegio de Santander está intentando “Escuchar a nuestros mayores” y muchachitos de Galicia trabajan el proyecto “Ser para los demás” y en Canarias se premia a un grupo del Instituto Cairasco de Figueroa de Tamaraceite por su programa de radio que llaman “Ondas por la Solidaridad”.

La cantidad de caras de buena persona que uno encuentra cada día. Y algunos a lo mejor no tienen esa cara de buena persona que proyecta, por ejemplo, Mari Pino para que alguien confíe enseguida en ella. Pero son buenas personas, que es lo importante. La cantidad de jóvenes que uno conoce y que son educados, trabajadores, solidarios, alegres. No puede ser, no, que la noticia de los malos nos convierta a todos en malos.
Hay que dar noticias buenas. Es la mejor forma de animar y ayudar a descubrir la verdadera realidad: que la mayoría de la gente es buena.

Raúl es un chico de Fuerteventura que nunca había venido a Gran Canaria. Pero siempre escuchaba noticias alarmantes y exageradas que ocurrían en la capital de la provincia. Y él se hizo la idea de que nuestra ciudad era un infierno. Un día tuvo que venir y al día siguiente, cuando lo vi, me comentó sorprendido: Fíjate, estuve ayer todo el día en Las Palmas… y a mí no me pasó nada.

-A mí tampoco me ha pasado nada, Raúl, y llevo aquí más de cincuenta años. En adelante empezaré a darte noticias de toda la buenísima gente que hay en Gran canaria, en Fuerteventura y en cualquier lugar del mundo. Quien siembra vientos, dice el refrán, recoge tempestades. Y quien siembra noticias siempre negativas, siembra miedo, desconfianza, odio, y desánimo. Por eso en esta cuaresma me he propuesto que en mi parroquia todos los avisos y todas las noticias que voy a dar van a ser buenas. Porque son las que más abundan. Porque son las que vale la pena pregonar a todo el mundo. Porque también ustedes, querido lectores…tienen cara de buena persona. Y ustedes son muchísimos.

©2007 Jesús Vega Mesa