CANTA Y NO LLORES

Ay ay ay canta y no llores, dice la canción. Llorar tampoco es malo, pero mejor es cantar. Y está claro que la música mueve y entusiasma a casi todo el mundo. Generalmente un concierto de alguien que ya ha acreditado su valía, o simplemente tiene fama, moviliza a miles de personas a quienes no les importa demasiado gastarse unas perrillas y disfrutar del acontecimiento. Pero como en todo, hay música buena, letra buena y música o letra que espanta, aunque sea capaz de reunir a diez mil quince mil o veinte mil espectadores. En Gran Canaria estos días pasados ha ocurrido, por ejemplo, que varios grupos isleños reunieron a tres mil personas en un concierto y un portorriqueño a más de veinte mil y una niña cantando una letra que da lástima (antes muerto que recordarla) a quince mil... A ver cómo se juzga eso.

¿Y en las iglesias cómo se canta?

Unos amigos míos, preocupados por lo que cantamos y cómo cantamos en nuestros templos, hicieron una prueba durante tres semanas en varias parroquias. Fueron, grabadora en mano, se aguantaron todas las misas que pudieron y el resultado, según ellos mismos definieron fue& nefasto. Salvo alguna honrosa excepción, dicen mis amigos que son muy críticos, en nuestras iglesias apenas se canta y cuando se canta, dicen ellos, casi siempre hubiera sido mejor que no se cantara.

Mucho cura entonando a voz en grito, muchas canciones del año catapún , y muy poquito más.

Echan de menos mis amigos los instrumentos, el órgano, la guitarra, el timple& Echan de menos un buen coro o una asamblea que cante algo más que juntos como hermanos y Qué alegría cuando me dijeron . Ahora llega la Pascua. Y es buen momento para revisar nuestros cantorales y dedicar algún tiempo a aprender canciones, a ensayar y a reconvertir nuestras liturgias, a veces tan monótonas y aburridas.

En una de las parroquias en donde estuvieron mis amigos y se utilizaba un cancionero que ponía Edición de 1962 . O sea que las canciones tienen ya, como mínimo, 43 años. ¿Y qué ha pasado desde entonces para acá?

Por estas fechas (marzo 2005) estará en Gran Canaria, en San Fernando de Maspalomas, una monja chilena, la Hermana Glenda , que ha logrado sacar a la calle trozos del evangelio cantados , entresacados del evangelio puro, sin añadiduras, y ha logrado, qué cosas, conectar con mucha juventud. El secreto, creo yo, está en que canta bien y , sobre todo, que siente y vive lo que canta . También sé de algunos grupos y parroquias en donde se ha conseguido llevar un mensaje de alegría, ambiente de oración y hasta de calidad musical y eso, contando siempre con un pueblo que necesita cantar, pero también aprender bien las canciones.

Estos días empieza a hablarse de Eurovisión y van a ser millones de personas las que, desde sus casas, van a conectar con la música. Porque la música es el medio de comunicación que llega a más gente. Muchos así lo han comprendido y por eso se lanzan mensajes de todos los signos a través de las canciones. Hay quien canta al Jesús que nos salva como Juan Luís Guerra y quien sólo sabe hablar de superficialidades: de pintalabios, moldeador como una artista de cine, peluquería, crema hidratante y maquillaje que es belleza al instante. ¡ay qué sencilla!...

En fin que si la canción es un medio tan eficaz para llevar mensajes, si los cristianos creemos que tenemos que transmitir mucha buena nueva al mundo, no nos quedemos anclados en melodías que ya no entusiasman ni cantemos tan mal que espante a nadie. Canta y no llores dice la canción. Pero a veces, según mis amigos de la encuesta en las iglesias, es tan mal lo que se canta, lo que cantamos que ellos aconsejaban:

-Mira, no llores si no quieres. Pero tampoco cantes, por favor.

Aunque, la verdad, mejor será cantar. Pero intentar hacerlo bien. Yo voy a intentarlo.

©2004. Jesús Vega Mesa