EL CAMBIO CLIMÁTICO…. EN LA IGLESIA

July me hablaba el otro día –yo creo que muy cargada de pesimismo- de las actitudes que ella ve en su barrio.
-Ya no hay solidaridad, ya la gente no va sino a lo suyo, todo el mundo actúa egoístamente…
Yo la atajé con rapidez:
-Creo que estás equivocada, July. A lo mejor es que no te das cuenta y pasan desapercibidas para ti otras personas con comportamientos ejemplares. Además, July, estamos en el mes de mayo. Tiempo de Pascua, mes de las flores, de la Primavera, mes de la Virgen, de primeras comuniones, de Pentecostés… ¿No te parece que son demasiadas llamadas a ser algo más optimista?
-Si, es cierto, me contestó. Pero tú no has oído lo del cambio climático? Es mayo pero hace frío y muchos días llueve. Es Pascua pero…no veo tanta alegría como dicen las oraciones de las misas.
Me quedé pensativo. ¿Afectará el cambio climático a nuestras formas de ver la vida? Seguro que sí. Pero si fuera cierto que hay también un cambio climático en nuestra vida cristiana y que ya la primavera no es tan alegre, tan florida, tan esperanzadora, habrá que intentar atajar el mal como proponen los científicos y los ecologistas para los otros cambios.

La semana pasada, los niños de mi parroquia que este año hacen la primera comunión se fueron de convivencia. Algunos enredaron más de la cuenta. Y los catequistas comentaban:
-El año pasado, los niños eran más tranquilos y dóciles.
-Será por el cambio…climático comentaba alguno con humor.
Pero no, porque la mayoría estuvo bien metida en lo que había que hacer: escuchar, cantar, rezar, jugar, compartir, dibujar….No es que hubiera desaparecido la primavera de los niños. Es que, eso sí, pasaba alguna nubecilla.

Es lo que pasa cuando miramos a nuestra Iglesia o a nuestro pueblo. Que haya nubes no quiere decir que sea invierno. Cierto que a Cati, por ejemplo, le gusta criticar más de la cuenta o que Antonio se enfada muy fácilmente o que Pilar tiene la enfermedad de los celos. Cierto que hay muchos niños y jóvenes que pasan de la Iglesia y de todo lo que tenga relación con el servicio altruista al otro. Es cierto, pero también lo es que seguimos contando con un exquisito y generoso voluntariado que está dispuesto a hacer de todo en nuestras parroquias y movimientos.

Por ejemplo ahora, la Iglesia nos está pidiendo que, cuando vayamos a hacer la declaración de la renta, no olvidemos de poner la cruz en la casilla de la Iglesia. Y estamos convencidos de que gran parte de ciudadanos lo va a hacer, porque sigue creyendo en la labor religiosa y social de la Iglesia católica.

El otro día, comenté esto en una misa. Y un niño, inocentemente, me preguntó al salir de la iglesia, que si tenía que poner la cruz en la pared para que el gobierno nos ayudara. Aproveché para decirle que la cruz quiere decir que , que quiero a la Iglesia, que quiero ayudarla, que quiero verla crecer llena de ilusiones y optimismo. Pero que lo importante no es poner la cruz en un papel o en una pared. Lo importante es poner la cruz en mi vida para saber que, con ella, puedo ayudar a que la iglesia sea un signo de compromiso. Un signo de la primavera.

Ayudar, esforzarse, vivir con alegría, descubrir lo bueno, disculpar lo malo,… todo eso es señal de que el Espíritu anda entre nosotros.
Y cuando nos ponemos pesimistas, July, cuando sólo ves nubarrones y tormentas, puede que no sea por lo del cambio climático, sino por tu propio cambio. Y a lo mejor necesitas poner una cruz en tu vida. Que no se vaya la Primavera de tu vida. Que se vaya la Primavera de nuestra Iglesia. Aunque muchas mañanas el día amanezca nublado.

©2007 Jesús Vega Mesa