A DIOS VOTANDO... Y CON EL MAZO DANDO

Están muy recientes las votaciones para los cargos públicos en nuestros pueblos y nuestras islas. Muchos se abstuvieron y lo siento por ellos porque es una ocasión nada despreciable para uno ejercer el derecho y colaborar a mejorar nuestra sociedad. A los que no votaron habría que pedirles que, al menos durante cuatro años, se abstengan de quejarse de lo que hacen o no hacen los políticos. Es la condena más tenue que se me ocurre.

En la Iglesia, ya lo sabemos, no hay votaciones para elegir obispo ni párroco ni catequista. Pero sí que hay libertad para uno opinar sobre todos los temas más dispares que la vida de la comunidad cristiana plantea. Malo sería que también nos quedáramos callados cuando se nos pide opinión y también cuando no se nos pide. Este año, con los niños que hicieron la primera comunión en mi parroquia hice una encuesta…”a pie de misa”. Yo hacía la pregunta y las respuestas que uno quería escuchar obtuvieron mayoría absoluta. Por ejemplo:

-¿Creen ustedes que los niños cuando hacen la primera comunión deben seguir viniendo a la misa? SÍ, 118; NO, 3; abstenciones 4

-¿Después de la comunión debemos seguir viniendo a la catequesis? SI, 115; NO, 6; abstenciones 4.
Y así siguieron las preguntas y las respuestas siempre en el mismo tono. Éramos felices, era la primera comunión. Los niños sonreían, estaban contentos de su participación y sus respuestas. Los padres y el cura y los monaguillos estábamos también satisfechos. Después vino… la pregunta del millón.

-¿Creen ustedes que estamos siendo sinceros al responder a estas preguntas… pero no me respondan ahora… La respuesta, como en los programas de la televisión, después de la publicidad, mejor dicho, después de la misa, después de esta semana. El próximo domingo. Y el próximo domingo…..No, los niños no se habían desanimado, los niños no respondían negativamente a la pregunta formulada. Los niños es que NO estaban. Los niños ya no volvieron. Al menos no volvió… la mayoría. Mayoría absoluta los que se quedaron en su casa.

A mí me gustaría saber por qué vienes los niños a las misas y a las catequesis y por qué dejan de venir. Me gustaría saber muchas cosas. Y creo que entre todos debemos encontrar respuesta para que la Iglesia sea realmente comunidad viva y participativa. Tenemos que votar, tenemos que opinar.
Escuchamos muchas veces las quejas de algunos cristianos sobre los temas más dispares: lo que algunas parroquias cobran, las homilías, las catequesis, los bautizos de de hijos de parejas no casadas por la Iglesia, la comunión de los que están divorciados, et, et, etc.
No les pedimos que no se quejen. Les pedimos que digan todo lo que piensan. No solamente lo malo, que también la gente de Iglesia, llámese cura sacristán, catequista obispo o monaguillo, tienen su corazoncito. Pero sí, hay que decir lo malo y lo bueno. Hay que decir con qué se está de acuerdo y con qué no. Hay que opinar. Hay que votar. Y la suerte es que no tenemos que esperar a unas elecciones sino que, en cualquier momento podemos a colaborar a que las cosas cambien, mejores, si todos ponemos nuestro granito de arena. Pero claro, tampoco vale solamente hablar. Hay que hablar y hacer. No nos conformemos con votar, como los niños encuestados.
Nos gusta y debemos exigir que los políticos elegidos cumplan ahora con todas sus promesas. Pero también nos gusta y debemos exigirnos que, si dijimos en una reunión, por ejemplo, que es bueno que haya catequesis para los adultos o los jóvenes, que después no nos rajemos como si eso no fuera con nosotros. No basta hablar, no basta votar.
A los que no votaron en las elecciones y a los que no dan su opinión en la Iglesia los condenamos a estar calladitos y a no quejarse.
A los que votaron a un partido determinado y a los que han manifestado una opinión en la comunidad les exigimos que colaboren con la opción votada o solicitada.
Y a todos ustedes les invitamos a seguir votando, opinando, trabajando para que la vida social y la vida cristiana sea cada día mejor. No basta el voto. También hace falta poner el hombro. Hay un refrán que dice: A Dios votando… o lo que es lo mismo , a Dios rogando… y con el mazo dando. Pues eso. A votar, opinar, hablar… y a trabajar. Y a trabajar. Y a trabajar.

©2007 Jesús Vega Mesa