¿Para qué la enseñanza de la religión?

“¿Qué comprenderás sin religión, hijo mío?”


La parroquia de Sarrià aporta al debate una carta de Jean Jaurès, fundador del Partido Socialista francés. El agnóstico Jaurès explicó a su hijo por qué no atendería su petición de ser eximido de cursar religión.

Ocurrió hace muchos años pero la cuestión es de actualidad. Enseñanza de la religión: ¿sí, no, cómo?

Los protagonistas de esta historia son el socialista Jean Jaurès (1858-1914) y su hijo. El agnóstico Jaurès participó decisivamente en la fundación del Partido Socialista francés. También fundó y dirigió L'Humanité, diario que posteriormente se alejó de los postulados sustentados por Jaurès y se convirtió en órgano del Partido Comunista. Es autor de Historia socialista de la República Francesa en 13 volúmenes. Fue profesor de Filosofía en la Universidad de Toulouse. Fue diputado entre 1902 y 1914, año en que murió asesinado en plena calle de Montmartre por ser contrario a la guerra con Alemania.

Un dia, Jaurès recibió una carta de su hijo en que le pedía un certificado para ser eximido de la clase de religión. El dirigente del PSF le contestó, como agnóstico y padre que amaba a su hijo, en un sentido contrario a la petición que se le formulaba. Este episodio ha sido recordado ahora en la página web de la parroquia barcelonesa de Sarrià en lo que constituye una aportación a este debate en que juegan los factores de la política, la educación y la religión.

Jean Jaurès dijo a a su hijo con firmeza y delicadeza: “Amado hijo: Me pides que te exima de cursar religión para parecer digno hijo de un hombre sin convicciones religiosas. Este certificado, amado hijo, no te lo envío ni te lo enviaré nunca. No es que desee que seas clerical, a pesar de que no hay peligro alguno en ello. Cuando tengas edad suficiente para juzgar serás completamente libre, pero tengo un decidido interés en que tu instrucción y educación sean completas y no lo serían sin el estudio de la religión”.

Jaurès recalca a su hijo que su instrucción ha de ser completa: “¿Cómo lo sería sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas, sobre las que todo el mundo discute? ¿Querrías tú, por ignorancia voluntaria, no poder decir ni una palabra sobre este asunto, sin exponerte a decir un disparate? Estudias mitología para comprender la historia de los griegos y romanos, y ¿qué comprenderás de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión, que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización?”

Jean Jaurès argumenta, por ejemplo, respecto al arte, la literatura y las ciencias: “¿Qué serán para ti las obras maestras de la edad media y de los tiempos modernos si no conoces el motivo que las han inspirado y las ideas religiosas que contienen. ¿Puedes dejar de conocer a Bossuet, Fenelón, Lacórdaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros, que se ocuparon exclusivamente de cuestiones religiosas, y también Corneille, Racine, Hugo, grandes maestros que deben al cristianismo sus más bellas inspiraciones? Hasta en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás religión. Pascal y Newton eran cristianos fervorosos; Ampere era piadoso; Pasteur probaba la existencia de Dios y decía haber reencontrado mediante la ciencia la fe de un bretón”.

Jaurès concluía así su carta: “Tengo que confesarlo, la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana. Es la base de nuestra civilización. Y es colocarse fuera del mundo intelectual y condenarse a una inferioridad manifiesta no querer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras. Esta carta te sorprenderá. Pero es necesario, hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a sus hijos. Ningún compromiso me podría excusar si permitiese que tu instrucción fuera incompleta y tu educación insuficiente”.
(LA VANGUARDIA 11-7-04)