Nota del obispo de Canarias ante la guerra de Irak


En plena comunión con nuestro Santo Padre Juan Pablo II y con sus reiteradas declaraciones contra la guerra en Irak, formuladas desde hace muchos meses, de forma ininterrumpida y continua, y en plena comunión con todo el Episcopado Español y su último manifiesto contra esa guerra, publicado ayer mismo, como Obispo de Canarias y en nombre de nuestra Iglesia Diocesana pido muy de corazón a todos los cristianos que redoblemos nuestros esfuerzos de petición al Señor para que no llegue a producirse esa guerra, para que todos los que creemos en Jesús, unidos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad expresemos con contundencia nuestro frontal rechazo a esa y a todas las guerras, y para que con nuestras voces y gestos hagamos cuanto podamos para que la paz, ¡esa paz hoy tan amenazada!, se haga realidad en Irak, en Oriente Medio y en el mundo entero.

En comunión con el Papa, con los Obispos de todo el mundo y con la mayoría de los cristianos, todos debemos afirmar que la guerra, ¡que toda guerra, preventiva u ofensiva, que no represente una real y legítima defensa!, es una gravísima ofensa a Dios y a la humanidad, una gravísima ofensa a los más pobres y débiles, una muy grave injuticia tanto social como moral y religiosa.

Nuestras motivaciones para condenar la guerra no son ni partidistas, ni oportunistas, ni políticas, ni electorales, ni coyunturales, ni apoyo alguno a un sistema dictatorial que ha matado a muchos inocentes. Nuestras motivaciones nacen de nuestra conciencia cristiana, del Evangelio, de nuestro amor a Dios y al prójimo.

Con la Santa Sede afirmamos: "quien decide que se han agotado todos los medios pacíficos que pone a disposición el Derecho Internacional, asume una grave responsabilidad ante Dios, ante su conciencia y ante la historia."

¡Pidamos al Padre del Cielo, en nombre del Señor-Jesús, Príncipe de la Paz, y por la intercesión de la Virgen María, de nuestra Señora la Virgen del Pino, Reina de la Paz, que haga el milagro que no llegue a desencadenarse esa horrible guerra y que los inmensos gastos que sin duda produciría, se empleen para acabar con la miseria y la injusticia que sufren millones de pobres en el mundo entero!

¡Que Dios les bendiga a todos y que a todos nos impulse a seguir rezando por la paz, en Irak, en Palestina y en el mundo entero!

Las Palmas, festividad de san José, 19 marzo de 2003.

Ramón Echarren Ystúriz
Obispo de Canarias.