Las inversiones de la Iglesia (versus caso Gescartera)


Breve explicación para los visitantes del exterior de España:

Entre julio y agosto de 2001 se ha declarado en España un fuerte escándalo financiero: Una agencia de inversiones en bolsa fue denunciada por el propio gobierno porque no aparecía por ninguna parte el dinero de los inversores. Las primeras investigaciones detectaron un “agujero” de más de 18.000 millones de pesetas, o 108.182.178,79 € (1 dólar americano está sobre las 181 ptas.). Pasados los días se descubrió que el descubierto es de más de 40.000 millones de pesetas, o 240.404.841,75 €. Es el mayor escándalo financiero que se ha dado en España y que ha dejado a cientos de inversores sin una sola peseta. Por ahora las investigaciones siguen. Este caso se ha denominado “Caso Gescartera” que es el nombre de la entidad que ha quebrado.

Nos ocupa este tema en nuestro comentario de hoy porque el periódico español EL MUNDO, en sus ediciones de los días 21 y 22 de agosto de 2001, publica la lista de los accionistas afectados y aparecen una veintena de grupos religiosos (Obispados, congregaciones religiosas, instituciones de la Iglesia, etc…,) todo ello por un montante de unos 1.600 millones de pesetas (9.616.193,67 €) en esas fechas.
Por ahora, continúan las investigaciones y poco más podemos deci . A finales de agosto se ha creado una comisión de investigación parlamentaria, con una duración de tres meses que intentará depurar responsabilidades. Los que está claro es que ha habido una gran estafa. El director general de Gescartera ya está en la cárcel, pero el dinero no aparece...

En estos días se habla en los medios de comunicación españoles sobre el por qué el Estado tiene que dar dinero a la Iglesia cuando ésta especula en bolsa con sus propios fondos… Ya han aparecido numerosos comentarios y críticas contra la Iglesia por esta práctica.

En España la Iglesia recibe anualmente una cantidad variable del Estado para completar la cantidad que no aportan los católicos mediante los impuestos. Para este año 2001 la cantidad total presupuestada por la Iglesia española es de unos 23.000 millones de pesetas (138.232.784,01 €). Lo que no se consiga mediante las donaciones particulares lo donará el Estado hasta completar esa cantidad.

Cada español, a la hora de pagar anualmente los impuestos, puede designar de manera voluntaria a la Iglesia cinco pesetas de cada mil pagadas —3 céntimos de cada 6,01 €—. Si con todos los que voluntariamente ingresan esta cantidad no se llega a los 23.000 millones de pesetas presupuestados, el Estado completará el resto. El Estado español y la Santa Sede tiene unos acuerdos firmados sobre las relaciones entre ambos estamentos, que incluye esta financiación.

Las inversiones de la Iglesia.

Cuando una persona que quiere a la Iglesia ve cómo se arremete contra ella de una manera acrítica y con el apasionamiento acostumbrado en los que le atacan, los sentimientos son muy dispares: ¿Hay que defender a la Iglesia? ¿Hay que justificar todo lo que hace la Iglesia? ¿Hay que deslindar las responsabilidades diciendo que las congregaciones religiosas son una cosa y la “Iglesia” es otra? ¿Hay que buscar justificaciones a lo hecho? Sin duda, éstas y otras muchas cuestiones pueden rondar en nuestras cabezas…

No hay que buscar culpables.

Todos los católicos españoles nos tenemos que sentir solidarios en la inocencia y en la culpa cuando hay una u otra… La Iglesia somos todos.

La Iglesia española —salvo honrosas excepciones en nuestra geografía— no ha sabido estar a la altura de las circunstancias en muchas ocasiones. En el tema del dinero no lo ha estado nunca. La imagen que tienen los españoles de la Iglesia es ambigua. Por un lado a nivel estructural, ven a la Iglesia como una “multinacional del bien”, en la cual no siempre percibe al afán de evangelizar. Por otra parte, los católicos de a pie ven que la mayoría de los sacerdotes son personas entregadas y que viven como cualquier obrero de su pueblo o ciudad… ¿Dónde se produce entonces la extrañeza y la ruptura con el sentido común? ¿En qué punto se rompe el cariño por la Iglesia y se convierte en una crítica feroz contra ella? Saber el punto exacto de esta ruptura no es fácil. Es un proceso que tiene muchas variables y sería imposible precisar cuál o cuales son los motivos del amor o desamor a la Iglesia española.

La Iglesia en España es, en mi opinión, una Iglesia acomplejada en muchos aspectos. Una Iglesia que todavía no ha sabido encontrar su sitio, su palabra y sus gestos proféticos en una sociedad plural. Su pasado apoyo a la dictadura de Franco la expuso y expone a las mismas críticas que recibía aquél general. Se ha logrado dar la imagen de que dictadura e Iglesia iban en la misma barca.

Con la llegada de la democracia se produce una ruptura donde la Iglesia se queda sin saber qué hacer ni dónde estar. Creo que la Iglesia española no está en la actualidad a la altura que los católicos españoles demandamos. Ciertamente no es fácil lograr esa altura ya que es una Iglesia descontenta y muchas veces perpleja por el escaso papel social que juega. Hay un dato que merece destacar como son los grandes esfuerzos, por muchas personas e instituciones católicas, para ponerse a la altura de los tiempo sin complejos y, lo que es más importante, sin perder la radicalidad del evangelio.

El tema del dinero es un tema que nunca ha interesado a la Iglesia española. Si fuese así nos encontraríamos con una Iglesia española supermillonaria, pero en verdad lo que sucede es precisamente lo contrario. La diócesis en general son pobres, los sueldos de los sacerdotes son bastante cercanos a los puestos laborales no cualificados.

Con el anterior régimen los españoles no pagaban impuestos de ninguna clase y, sin embargo, la Iglesia subsistía. En aquella época lo que no se lograba con dinero, que mas bien era escaso, se compensaba con influencias y prestigio social. Pero la realidad ha cambiado. Ahora la Iglesia tiene que autofinanciarse y lo que ha ocurrido es que ha cogido a nuestra comunidad católica sin ningún entrenamiento específico para este tema. Bien es cierto que varias diócesis ya han llegado a la autofinanciación y otras están haciendo serios y valientes esfuerzos por lograrlo.

Es evidente que la Iglesia española no tiene, en general, buenos gestores económicos. La verdad es que hasta ahora no había necesidad, pero la complejidad del momento presente lo demanda.
Ningún grupo humano, ni partido político, ni sindicato, ni club de fútbol, ni ninguna otra institución en España, tiene tantos “afiliados” como la Iglesia, y cualquiera de estos grupos mueven cantidades sensiblemente mayores que la propia institución eclesiástica. Solamente algunos clubs de fútbol tienen jugadores valorados en veinte o treinta mil millones de pesetas… , pero de cara a la gente, la Iglesia tiene que vivir, mas bien sobrevivir, como si estuviésemos en los comienzos del cristianismo, sin recursos, sin nada, olvidando la propia historia y las “herencias” culturales de otros siglos. No se ha enseñado a la gente la relación evangelio-dinero.

Entre la demagogia y el desconocimiento nos movemos en este tema. Los católicos españoles se asustarían de ver cómo funcionan las Iglesias de países más desarrollados que nosotros en este tema del dinero. Incluso en el momento presente les costaría muchísimo aceptarlo. Mientras los protestantes ven la pobreza como una maldición y la riqueza como una bendición de Dios, los católicos hacemos un énfasis en la pobreza como desprendimiento absoluto para estar disponibles para Dios y los demás.

¿Justificar lo ocurrido? Yo creo que no hay que justificar nada, nadie ha cometido ningún delito por tener sus fondos invertidos. No hay que ser ingenuos. Si en esta sola agencia se ha descubierto estos dineros, ni que decir tiene que en otras afines se descubriría mucho más. Lo que hay que preguntarse es la procedencia de estos dineros: ¿Ha engañado la Iglesia a alguien? ¿Se ha aprovechado la Iglesia de alguien? ¿Se ha ganado ese dinero de manera honrada trabajando lícitamente los religiosos y religiosas en sus respectivos trabajos? ¿Se invierte ese dinero teniendo en cuenta a los pobres y necesitados? ¿Somos solidarios con nuestros hermanos de otros países? ¿Podemos mantener ese dinero especulando cuando hay tantas necesidades a nuestro alrededor? ¿El dinero procede de trabajo o de donativos que se dieron para un fin concreto? etc, etc…

Son muchos los interrogantes, pero insisto que lo que me interesa es si ese dinero procede de medios lícitos y legales o son subterfugios para colocar el dinero sobrante. Si en un convento trabajan diez monjas o sacerdotes, son mensualmente diez sueldos que se ponen en común, y esto claramente está generando un crecimiento económico importante. Es como si una familia pusiesen en común sus fondos. Lo que sí tiene que quedar muy claro es la procedencia de ese dinero. La misión de la Iglesia y de los católicos no es acumular dinero, sino mas bien darlo a los más débiles. El dinero tiene que ser siempre un medio, nunca un fin.

Los católicos españoles tenemos que avanzar sin complejos en este y otros muchos temas. Tenemos que ser valientes al preguntarnos si captamos la sensibilidad social ante estas cuestiones. Hay una máxima que siempre aplico a mi trabajo pastoral: no hacer ni decir nada que no pueda demostrar o de lo que no esté realmente convencido. Creo que por ahí puede ir la reflexión.

En la Iglesia española necesitamos signos y gestos de valentía. No vale que “escondamos” tras el secreto bancario nuestros dineros, cuando nuestra finalidad no es acumular. Podemos lanzar excusas en uno o en otro sentido. La autenticidad en el seguimiento del evangelio pasa por el desprendimiento y la limpieza interior, nada de apegos, nada de falsas seguridades… Necesitamos “gestores santos” que sepan situar el tema del dinero en su justo sitio, sólo así nuestro mensaje de desprendimiento y de radical seguimiento de Jesús no se verá empañado por la afición a acumular riquezas. En el evangelio quien tenía muchas riquezas fue el que no quiso seguir a Jesús…

Mi experiencia personal de sacerdote, y de cristiano en general, me ha demostrado con creces que cuanto más damos más recibimos. Cuando la gente nos ve desprendidos y transparentes, se establece un lazo de “tutela fraterna” donde el evangelio florece como solidaridad y compartir. Esto sólo se da cuando damos y nos damos en el nombre del Señor que nos dijo:“No se puede servir a Dios y al dinero…”. Los católicos no podemos gastar más tiempo pensando en el dinero y cómo rentabilizarlo, que en buscar los caminos que nos ofrece el evangelio para entregarlo a quien lo necesita. Decían los primeros cristianos que quien poseía más de lo que necesitaba era un ladrón ya que se estaba quedando con lo que pertenecía a otros…

Ojalá hoy seamos igual de valientes para decirlo y para saber dar a manos llenas pensando que ésa es nuestra mejor y mas buena inversión, la inversión que Dios quiere…

Un buen signo sería que se diera en todas las congregaciones y diócesis (como en la de Canarias a la que pertenezco) cuenta pública, transparecencia informativa, de los fondos que movemos. Así nos sentiríamos que no estamos ocultando nada y, si cabe, también nos llenaríamos un poco de vergüenza en ver que somos muy eficaces para ganar dinero, pero bastantes flojos para ganar personas para el Reino de Dios. El examen de conciencia en este tema pasa por un presupuesto previo: el desprendimiento de nuestras supuestas seguridades. Sólo Dios tiene que ser nuestro apoyo… y cuando venga el dinero, que entre rápido y salga más rápido en beneficio de quien de verdad lo necesita.

©2001 Mario Santana Bueno.