Tensiones Iglesia-Estado

Periódicamente se suscitan en España distintas problemáticas en la relación Iglesia-Estado. Da la impresión como si cada paso que da la Iglesia en su actuar dentro de la democracia, fuese intentado anular por determinados partidos y personas.

En nuestro país tenemos un corto camino democrático. Todavía existen muchos monstruos internos como la intolerancia y una mal entendida secularización social, que en realidad se convierte en una intolerancia social fomentada por determinados intereses, hacia todo lo que tenga que ver con la religión católica.

La Iglesia Católica, les guste o no, tiene un protagonismo social que no tiene ningún otro grupo. Atacar a la Iglesia en su historia, en su pensamiento, en su doctrina, en sus comportamiento… es la consigna. No no estamos refiriendo a los errores que cometen algunos miembros de la Iglesia y que son ampliamente difundidos por los medios de comunicación, sino al estilo que hace que estos errores aparezcan como lo normal dentro de nuestra fe. Puede ser que la Iglesia española no tenga rodaje en la democracia, pero no es menos cierto que los políticos y los partidos políticos españoles actuales tampoco. Cuando no son un grupo de resentidos que expulsan sus traumas y confusiones internas, son un grupo mal intencionado que buscan sus propios intereses desacreditando los de otros. El camino de solución puede ser la aceptación de lo bueno que podemos aportar tanto unos como otros a una sociedad abierta, democrática, plural, respetuosa y tolerante.

Los creyentes no debemos caer en las trampas que nos sirven en bandeja. Nuestra lucha no va a ser contra ideologías o pensamientos ateos; estos planteamientos se vienen abajo por si solos. Nosotros debemos reivindicar nuestros derechos de ciudadanos en una sociedad plural y abierta. Pagamos nuestros impuestos como los demás, pues tengamos derechos como los demás. No debemos imponer nada a nadie, pero no debemos dejarnos imponer nada por aquellos que usando la palabra libertad y dentro de su más que evidente falta de respeto a las conciencias ajenas, quieren crear un estado de opinión donde la Iglesia aparezca como un enemigo social a combatir.

Se nos acusa de la inquisición y de mil barbaridades más, pero no es menos cierto que también han existido a lo largo de los siglos injusticias más que evidentes contra la libertad de pensamiento de la propia Iglesia. Podemos ser los herederos de la inquisión, pero quienes nos atacan son los herederos de aquel imperio romano que nos trató mil veces de exterminar durante más de trescientos años. No es de extrañar que quieran también volver a las costumbres paganas de antaño que incluyen, claro está, los circos romanos donde se masacraban los cristianos. Lo duro y lo extraño es que todo eso se hace en nombre de la libertad de conciencia. Hoy los circos romanos son los creados por los medios de comunicación y nuestras muertes son aplaudidas por tantos espectadores acríticos que fomenta la manipuladora sociedad que nos ha tocado vivir. Parece como si la historia no nos ha enseñado nada…

Hay distintas formas de atacar a la Iglesia. Un cuerpo tan extenso como es nuestra fe tiene elementos vulnerables en mas de un campo. Hay puertas falsas que debilitan enormemente la fuerza del evangelio. Pero también es cierto que quienes nos atacan nos perciben como residuos anacrónicos del pensamiento. La intolerancia hacia la Iglesia aparece como un objeto más de consumo…

La democracia ni molesta ni preocupa a la Iglesia. Lo que sí puede afectar son los ataques solapados en nombre de la libertad y la propia democracia.

La Iglesia existe en muchos países (repúblicas, monarquías, etc.) y logra efectuar su misión desde el respeto mutuo y la sana e independiente colaboración. A eso estamos llamados en la actual sociedad española. Si en otros países se ha conseguido el equilibrio entre ambos estamentos, tenemos la seguridad que con buena voluntad por ambas partes, llegaremos al consenso deseado. Pero ese recorrido hay que hacerlo sin desprecios y sin agravios, sin reproches y sin doble lenguaje. Este trabajo no es una labor de mediocres sino de personas que realmente crean en el valor de la democracia y todo lo que ella conlleva. A eso estamos llamados tantos los católicos como los representantes legítimos del Estado.

©2003 Mario Santana Bueno.