La homosexualidad y la Iglesia


Nota para los amigos buzoneros del exterior (en el BC nunca usamos la palabra “extranjero”…):

Una revista española de orientación homosexual, acaba de publicar (2001) una entrevista con un sacerdote católico donde se declara abiertamente homosexual y que ejerce como tal. A este tema se le ha dado una gran repercusión en los medios de comunicación de España.

Desde el Buzón Católico queremos aportar datos para la reflexión y la oración. Sabemos que el tema es difícil porque hay muchos elementos de todo tipo que entran en juego. Sabemos que todos sufrimos: los homosexuales que nos ven como enemigos de unos sentimientos que, según ellos, no entendemos. Sufre la Iglesia porque ve sufrir a tantos de sus miembros; sufre Dios…

Aportamos como una primera aproximación un artículo para reflexionar. Intentaremos recoger el pensamiento de la Iglesia sobre este asunto en un lenguaje al estilo Buzón Católico (adecuado a todos los niveles).

Estamos trabajando para ofrecer una adecuada información y formación sobre el tema. Les mantendremos informados y aceptamos cuantas aportaciones estimen convenientes.

Cordiales saludos y que Dios les bendiga.

Mario Santana Bueno.


La Homosexualidad y la Iglesia

The Tidings, 21 de agosto de 1998. Por Rev. Padre Peter J. Liuzzi, O. Carm, Director de la Oficina de Pastoral de Gays y Lesbianas de la Arquidiocesis de Los Angeles.

Lo que la Iglesia enseña y lo que no enseña

Y por qué usted debe saberlo. No es un secreto: el tema de la homosexualidad es candente. Es una realidad que hasta hace poco sólo se comentaba a escondidas; es hoy en día el tema del momento. Homosexualiad es una palabra que se oye en todo lugar, sea liberal o conservador. Se pueden contar con los dedos de la mano aquellos que no tienen ya alguna opinión formada al respecto. Y este controvertido tema ha encontrado también su sitio en la Iglesia Católica.

Todos recordarán cómo en tiempos pasados el simple tema de sexualidad estaba excluído de publicidad y considerado un vergonzoso pecado. Nunca se oyó predicar de este tema en las Misas dominicales. El único lugar reservado para este tema era el confesionario. Pero eso es ya del pasado para siempre. En el futuro se podrá hablar del tema de homosexualidad desde el púlpito, lo que podrá parecer molesto a algunos según el grado de conocimiento que posea y según la actitud que tenga frente a los “gay” y lesbianas. Hay otro factor formador de actitudes y grado de aceptación: la pertenenencia étnica, la tradición familiar, las propias experiencias y, si se da el caso, de conocer a algún homosexual.

Debemos saber que existe un Departamento de Pastoral para Gays y Lesbianas fundado por el Señor Cardenal Mahony hace ya doce años en la Arquidiócesis de Los Angeles. Tal vez no se sabe que hay Parroquias donde Lesbianas y Gays son bienvenidos y aceptados. Para algunos, este ministerio no basta pues lo ven solamente como un gesto de acercamiento que en el fondo esconde indiferencia y temor. Otros, los menos, no encuentran necesario este tender la mano, y condenan este ministerio como el comienzo del final de una Iglesia verdaderamente Católica.

En un extremo están los liberales católicos que opinan que todo lo que la Iglesia ha dicho sobre la homosexualidad en el pasado es falso y pasado de moda. Otros, del ala conservadora, opinan que el único lugar para los homsexuales en la Iglesia es el confesionario y en esta misma idea otros opinan que los homosexuales son una desviación y debe ser tratada en el diván del psiquiatra. Sin embargo, la mayoría de los católicos experimentan una tensión interna entre la fidelidad a una clara enseñanza de la Iglesia y, por otra parte, una auténtica preocupación por la persona del homosexual y del aislamiento que sufre. Preocupación que se
extiende hacia los padres que tienen hijos gays. Normalmente esos sentimientos se producen en la cercanía de un pariente o un amigo homosexual.

He observado que aquellos que tienen una opinón muy rigida acerca de los homosexuales, suelen considerar a los que piensan en forma diferente como a sus enemigos. Hay una minoría, muy vociferante por lo demás, que parece tener cero tolerancia por cualquier tipo de acercamiento a la gente homosexual y su única característica es de rigidez y severidad, que dista mucho de nuestra tradición católica. A veces pienso que el tema de la homosexualidad se puede convertir en la gran división de la Iglesia, que podría destruir su unidad. Mis temores se ven confirmados en encuentro con ultra derechistas y ultra izquierdistas.

Las posiciones extremas de cualquier tema nunca han sido triunfadoras en la Tradición Católica. Sus militantes sólo han sido un estorbo en su marcha milenaria y no resuelven estos delicados temas. Lo que es particularmente trágico es que la Iglesia ceda ante la presión de tales grupos. Y al final es el homosexual católico quien sufre; se deteriora la relación padres hijos y se ve amenazada la unidad familiar. Y en forma muy sutil, las ideas se tornan muy confusas y la credibilidad de la enseñanza oficial de nuestra Iglesia se deteriora.

He conocido y atendido a personas gays la mayor parte de mi vida sacerdotal. He dirigido este ministerio arquidiocesano por los últimos nueve años, nombrado por el Señor Cardenal Mahony. Hablo así desde una larga experiencia.

La homosexualidad no es una idea abstracta. La homosexualidad tiene que ver con personas concretas. El contexto natural de la homosexualidad es la familia, como todo ser humano nace en el seno de una familia, llamados a amarse y a preocuparse unos por otros. La Iglesia ha proclamado un solemne y público compromiso frente a todo bautizado, incluso con aquellos que resulten ser homosexuales. La Iglesia posee enseñanzas doctrinales y morales que le dan un sentido a una persona homosexual. Por estas y otras razones nunca se podrá expulsar de la Iglesia a los católicos gay o lesbianas.

Creo que tengo las gracia y la vocación para efectuar esta tarea. Me baso para expresar lo anterior en las enseñanzas actuales de la Iglesia. Estoy además preparado para aceptar cualquier otra opción que la Iglesia pueda enseñarme de este tema en el futuro. Siendo perito en este tema, por otra parte, no siempre he encontrado tales enseñanzas convincentes, obvias u obligatorias. Creo, porque soy miembro de una Iglesia de fe que enseña, de una comunidad de fe que nos invita a todos a no abanderizarnos en excesos individualistas.

¿Dónde se sitúa Usted?
¿Dónde se sitúa la Iglesia?

Quisiera exponer algunas directrices en temas controversiales en la Iglesia que espero no sólo permitan entender el tema que estamos hablando sino ayudarnos a definir nuestro papel y nuestra contribución a este diálogo.

Es normal encontrarnos con controversias en la vida de la Iglesia. Nacen del preguntarse.
“¿Quién dicen que soy?” Han escuchado que se dice… pero yo les digo a Ustedes…” Y María le preguntó al Angel: “¿Cómo puede ser esto …?” “En el camino venían discutiendo quien sería el mayor…”. Existe la controversia en la Iglesia porque nadie posee el grado de Doctor en Discipulado. Existen diversos puntos de vista porque nunca vamos a agotar el misterio de nuestra fe.

Cuando se formulan preguntas en la Iglesia se van a escuchar diversas respuestas. Tanto del lado conservador como del lado liberal. Pero definamos los términos. Un verdadero conservador es aquel que pone toda su energía en preservar y en proteger los misterios de fe. Un verdadero liberal es aquel que pone toda su energía hacia una mejor comprensión de los misterios de fe. No debe uno avergonzarse de ser liberal o conservador. La
interacción de ambos es esencial para la salud de la Iglesia. Una Iglesia gobernada por sólo liberales no sería nada más que un club de debates, no una comunidad de fe. Una Iglesia gobernada por sólo conservadores conduciría a un fundamentalismo dogmático antes que a una verdadera fe viva. La solución está en el equilibrio entre ambos.

Tanto liberales como conservadores deben estar basados en lo que llamo el “centro radical”. El centro radical está constituído por la Escritura y la Tradición. La Escritura y la Tradicion no son fines en sí mismos, su papel es llevarnos hacia el Señor Resucitado que se encuentra en medio de nosotros, como Señor y como Maestro. El centro radical es siempre el lugar de partida para regresar con algún nuevo conocimiento o desarrollo de doctrina una vez que la controversia ha sido resuelta. Tanto conservadores como liberales saben instintivamente que en toda controversia se puede ir tan lejos de este centro hacia la derecha o la izquierda
como para no encontrase fuera de la Escritura o la Tradición. Es por esa razón que liberales y conservadores deberían siempre escucharse y dialogar mutuamente. Lo que parece estar ocurriendo hoy en día es que la tensión sana y natural entre liberales y conservadores ha generado en una polarización. Toda polarización puede destruir la unidad de la Iglesia.

Se cae en polarización cada vez que se pierde de vista la altura de miras y se reeemplaza por una visión de propias ideas individuales. Considere las siguientes afrmaciones:No se puede hablar de una aceptación total de los homosexuales hasta que la Iglesia no reconozca el matrimonio de homosexuales.

La Homosexualidad es un pecado: no es necesario un ministerio especial para algo tan contrario a la naturaleza. Esas afirmaciones nos hablan de ocultos rencores, temores, rigidez mental, y falta de humor. Los que producen tales afirmaciones se autoproclaman “profetas” u “ortodoxos”.

Esto puede costar muy caro porque es la base para la herejía y el cisma. No se atiende siempre al hecho que el peligroso caldo de cultivo de cisma sea producido por extremistas conservadores o extremistas liberales. Y parece ser algo crónico en nuestra Iglesia la tendencia de favorecer el extremismo conservador. A lo más, se trata de una postura de extrema ingenuidad.

Lo que la Iglesia enseña

En relación a la controversia sobre la homosexualidad en la Iglesia es esencial conocer lo que la Iglesia enseña y lo que no enseña.

La Homosexualidad es una realidad muy compleja que no se deja resolver con soluciones simples. La última palabra sobre sexualidad no ha sido dicha por la Iglesia. En base a documentos recientes debemos decir que nada ha cambiado de lo que ha enseñado hasta ahora. Lo que ha cambiado es la actitud de la Iglesia hacia las personas que poseen una orientación homosexual.

La Iglesia reconoce claramente que existen personas con una distinta orientacion sexual. Las investigaciones científicas propician varias teorías que tratan de explicar los orígenes de tales orentaciones. No se ha dado hasta el momento ninguna conclusión sólida y final. La homosexualidad es tratada como un hecho ; sus orígenes permanecen un misterio. Dado que la Iglesia acepta los hechos es obvio que la homosexualidad es algo más que un asunto de pecado y de confesión. Ser diferente en cuanto a la orientación sexual exige un cuidado pastoral más completo y una comprensión hacia la persona homosexual. Sí, pues, ¿qué es lo que la Iglesia ahora enseña?

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña: “La Homosexualidad se refiere a las relaciones entre hombres y entre mujeres que experimentan una atracción sexual exclusiva y predominante hacia personas del mismo sexo”. Esta definición es importante. Nos habla de “Relaciones”,“Experimenta”,“Exclusiva”, “Atracción”; son palabras positivas y no se menciona aquí ninguna actividad sexual. En la mente de la Iglesia, la homosexualidad no es lo mismo que actividad sexual. La Homosexualidad es, además, una forma de relacionarse, sentirse y experimentarse a sí mismo en relación a otros tanto hombres como mujeres. No hay base para presuponer que debe entenderse actividad sexual en la homosexualidad, lo que empaña y distrae el diálogo y la comprensión del tema. También ello significa un mensaje que deteriora la clara enseñanza de la Iglesia.

La Iglesia enseña claramente que la homosexualidad no es algo que alguien escoge, sino es algo que alguien descubre. Lo que se puede elegir es el estilo de vida que alguien desea vivir. Nadie —aún la más alta jerarquía de la Iglesia— conoce con certeza los orígenes de la homosexualidad. Podemos escoger cualquier explicación que deseemos, pero imponer esa teoría a nuestros hermanos gays y lesbianas o presionar a la Iglesia para preferir una teoría sobre otra o de dar la impresión que una es la “catolica” sólo agrega polarizar y hacer más grande el abismo y distancia que nos separa de nuestros hermanos gays y lesbianas.

Rev.Padre Peter J. Liuzzi, O. Carm
Tomado de http://mlgcs.la-archdiocese.org/la_homsexualidad_y_la_iglesia.htm