Por Jacinto Bátiz/Jefe de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital de San Juan de Dios


Nuestros políticos quieren hacer algo por los enfermos en fase terminal, pero lo único que se les ocurre es corregir o añadir artículos a las leyes. No me parece mal. Pero cuando observo que tan sólo ponen su empeño en lo que afecta a la despenalización de la eutanasia, ya no estoy de acuerdo. Cuando periódicamente insisten en estos temas creo que piensan que la solución para aliviar el sufrimiento del enfermo es la eutanasia.

Los médicos y los demás profesionales que intervenimos en la atención a los enfermos en fase terminal tenemos claro que para eliminar el sufrimiento del enfermo no es preciso eliminarle a él. Dos instituciones que tienen motivos para opinar y a las que pueden preguntar son la Organización Médica Colegial (OMC) y la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL). No hace mucho consensuaron un documento sobre la atención médica al final de la vida. Léanlo, por favor. Por mi parte, voy resaltar algunas de las conclusiones que nos debieran dejar claro cuál debe ser nuestra praxis médica al final de la vida y que ustedes, respetables políticos a los que los ciudadanos de este país hemos elegido, tendrían que conocer.

Los objetivos de la atención en las fases avanzadas y terminales son evitar la obstinación terapéutica y el abandono del paciente. Los principios y los objetivos fundamentales de la atención en esta etapa final de la vida son los de promover la máxima calidad de vida, dignidad y autonomía a los enfermos, teniendo en cuenta sus necesidades físicas, emocionales, sociales y espirituales, considerando al enfermo y a su familia como una unidad a tratar. Ello requiere la adaptación de nuestra organización asistencial a estas necesidades. Está claro que los objetivos de esta atención médica, centrados en su calidad y dignidad, deben evitar tanto la prolongación innecesaria de la vida como su acortamiento deliberado. La petición individual o social de la eutanasia y el suicidio asistido debe ser considerada generalmente como una demanda de mayor atención y suele desaparecer cuando se aplican los principios y la práctica de los cuidados paliativos. Según el doctor Xavier Gómez Batiste, un logro del programa de prevención y alivio del dolor y de los problemas físicos, psicosociales y espirituales del enfermo y de sus familiares fue la disminución de las solicitudes de eutanasia; las peticiones del enfermo al médico de poner fin a su vida cayeron del 2% al 0,6%.

La atención integral y la promoción de la calidad de vida en las fases más avanzadas de las enfermedades crónicas evolutivas y de los enfermos terminales deben ser consideradas un derecho fundamental de las personas y una prioridad para las administraciones y organizaciones sanitarias y sociales. Estas dos instituciones proponen el desarrollo de programas y servicios de cuidados paliativos, de terapéutica del dolor, de servicios y programas sociosanitarios y de comités de ética, como la mejor manera de responder adecuadamente a las necesidades y demandas crecientes de atención. Además, todos los recursos del sistema (hospitales, atención primaria, centros sociosanitarios y residenciales) deben adaptar gradualmente su organización a la presencia de enfermos avanzados.

Los médicos debemos recibir formación pregrado, postgrado y continuada que nos capacite para atender a enfermos en fases avanzada y terminal, tanto en el control de síntomas como en los principios de la comunicación, el apoyo emocional y la ética clínica. El desarrollo y la práctica de estos principios representan la síntesis entre la mejor tradición humanística y humanitaria de la medicina con todos los avances científicos que han permitido mejorar la calidad de vida y la dignidad de nuestros enfermos. Los objetivos de curar y cuidar deben ser promovidos con la misma energía y convicción. Además, son un estímulo para introducir valores positivos en los debates más actuales de nuestra sociedad.

Será bueno aclarar algunos conceptos que nos pueden llevar a confusión. Desde las dos instituciones citadas (OMC y SECPAL) se entiende que el concepto de eutanasia debe incluir exclusivamente la acción u omisión, directa e intencionada, encaminada a provocar la muerte de una persona que padece una enfermedad avanzada o terminal, a petición expresa y reiterada de ésta. Se ha definido como eutanasia pasiva la cesación o el no inicio de medidas terapéuticas fútiles o innecesarias en un enfermo que se encuentre en situación terminal. Para evitar confusiones, este término no debería utilizarse, ya que estas situaciones no constituyen ninguna forma de eutanasia y deben considerarse como parte de la buena práctica médica. El término eutanasia indirecta se refiere al mecanismo del doble efecto mediante el cual podría a veces adelantarse la muerte como resultado del efecto secundario de un tratamiento analgésico o sedante. Se aconseja también retirar este término, ya que es mejor definirlo por el de doble efecto.

En la atención al final de la vida, podemos considerar buena práctica médica la aplicación de los objetivos (dignidad y calidad de vida), principios (atención integral de enfermo y familia) y métodos (control de síntomas, soporte emocional y comunicación, cambio de organización) de los cuidados paliativos. También se considera buena práctica médica la aplicación de medidas terapéuticas proporcionadas, evitando tanto la obstinación o encarnizamiento terapéutico como el abandono, el alargamiento innecesario (o futilidad) y el acortamiento deliberado de la vida.

Considero que la legalización de la eutanasia no es oportuna, ni prioritaria. Es verdad que actualmente no es posible alcanzar un acuerdo social sobre la valoración ética de la eutanasia, pero sí podría haber consenso en torno a algunas recomendaciones y medidas normativas que promuevan y garanticen a todos los ciudadanos sin discriminación y en la práctica el derecho a recibir los mejores cuidados al final de la vida. Para ello la Sociedad Española de Cuidados Paliativos propone:

1. Garantizar que en los programas de formación de los profesionales de la salud se incluyan contenidos de Cuidados Paliativos y de Bioética, como áreas de conocimiento obligatorias y evaluables.
2. Desarrollar programas de cuidados paliativos que integren la atención primaria con la hospitalaria en todo el territorio del Estado español.
3. Legislar un equivalente a la baja laboral para el familiar cuidador del enfermo en situación terminal.
4. Promover medidas fiscales y sociales que fomenten la atención domiciliaria del enfermo en situación terminal.
5. Impulsar la divulgación social de los cuidados paliativos y de la solidaridad con el que sufre, como seña de identidad de la calidad moral de una sociedad.

Señores diputados, como pueden comprender, los enfermos en fase terminal sí necesitan de ustedes pero, en mi modesta opinión, de distinta forma a como lo intentan hacer.

(El Correo. 25 junio 2004)