El mar no es un vertedero, sino un don de Dios

Declaración de los Obispos Responsables del Apostolado del Mar de España, Portugal y Francia
21 de noviembre de 2002


El petrolero “Prestige” se ha roto en dos a lo largo de las costas españolas de Galicia. Contenía 70.000 toneladas de fuel-oil. Los expertos dicen ahora que el barco no debería haberse hecho a la mar desde hace varios años, dado su evidente mal estado.

Ya el petrolero “Erika” corrió la misma suerte hace tres años por la misma razón en las costas de la Bretaña francesa. Parece que este precedente no ha servido de nada y, desafortunadamente, continuará así, si no se hace algo por remediarlo.

Nosotros, los obispos responsables de la Pastoral del Apostolado del Mar en España, Portugal y Francia, queremos hacer oír nuestra voz de pastores, preocupados por el bien común, de la suerte de las familias y de las personas, de sus condiciones de vida y de su medio ambiente.

Entendemos con respeto y voluntad de apoyo las quejas y temores de todos aquellos que están o que se verán gravemente perjudicados en su profesión, su futuro, su equilibrio humano y espiritual. Nosotros les ofrecemos nuestra solicitud y nuestras oraciones.

Discernimos la justicia de las actas que los expertos y facultativos marítimos competentes hacen de la situación actual sobre los mares del universo. Observan la explotación frecuente de las tripulaciones de marineros, reclutados a menudo en países del Tercer Mundo, a costes más bajos; las astucias de ciertas compañías o de ciertos armadores para escapar al control de sus buques a través de pabellones de conveniencia; su voluntad de utilizar peligrosamente, hasta la usura, buques que la opinión llama, con razón, buques-basura.

Apoyamos todas las acciones y las organizaciones que tratan de que una situación semejante de injusticia, de corrupción y de irresponsabilidad cese lo antes posible.

Nos dirigimos encarecidamente a los responsables de la Unión Europea para que las leyes de la dignidad y del bienestar de los marineros, de la seguridad de los mares, de la protección de las especies, del control de los buques y de las técnicas de la pesca, se apliquen eficazmente.

Deseamos que la organización de las Naciones Unidas ejerza su influencia para que esta reglamentación no se observe solamente en Europa, sino también en las naciones marítimas del mundo entero.

Como obispos, rechazamos, que ciertas minorías de poderosos, de coaliciones de intereses, de maneras mafiosas de hacer, actúen en la impunidad y ejerzan su poder de contaminar el mar e incluso de destruirlo. Ante estos aprendices de brujo, capaces de destruir el mar, les hacemos frente con nuestro rechazo al fatalismo, nuestra voluntad de educar a la opinión pública, nuestro deseo de orientar a las comunidades cristianas a participar en todo aquello que se hace en el seno de la sociedad a favor de las personas que viven del mar, y a todo lo que se opone a su destrucción y a la degradación de las realidades marítimas.

Afirmamos que: las razones económicas invocadas para legitimar o tolerar estas prácticas son malas razones, graves errores de juicio, perversiones de la conciencia moral: esto no puede, no debe durar más. La evidencia es que el coste humano de estas prácticas es demasiado elevado.

Estas convicciones tan humanas encuentran su fundamento en nuestra Fe en Dios, quien creó al ser humano a su imagen, le hizo responsable del universo y le envió a su Hijo para salvarle de las fuerzas del mar y orientarle hacia la felicidad. Que se escuche nuestra llamada al sentido común, a la justicia, al respeto y a la solidaridad internacional: el mar no es un vertedero, es lugar de vida y don de Dios.

Luis Quinteiro, Obispo de Orense, España
Pierre Moléres, Obispo de Bayona, Francia
Januario Torgal Ferreira, Obispo Castrense, Portugal

© Copyright, Conferencia Episcopal Española
C/ Añastro, 1 - 28033 MADRID (España)